La jerarquía en la Iglesia Primitiva

¿La Iglesia que fundó Jesús era jerárquica? Puesto que muchos hoy acusan a la Iglesia Católica de ser el resultado de la paganización que Constantino hizo del cristianismo en Nicea, vamos a ver qué hay de cierto en todo ello. Este artículo pertenece a la serie CONSTANTINO O LA IGLESIA PRIMITIVA. De los 10 puntos que nos dispusimos a analizar veremos hoy el 3, un asunto muy criticado especialmente por los evangélicos y los paraprotestantes:

1- La presencia real de Jesús en la Eucaristía
2- La consideración de que la misa católica es un sacrificio
3- Jerarquización de la Iglesia
4- Refuerzo de la autoridad del obispo de Roma
5- Se da el nombre de “católica” a esta nueva iglesia que él fundó.
6- La veneración a la Virgen y a los santos
7- Divinización de Jesús
8- Celebración del día del Señor en domingo
9- Selección del canon bíblico
10- Creación del rito de la misa católica

El origen de la jerarquía católica

La jerarquía en la Iglesia PrimitivaEn realidad hay dos versiones sobre este asunto. Hay quienes dicen que la Iglesia primitiva no era jerárquica y fue Constantino quien la jerarquizó, pero también hay quienes afirman que en la Iglesia del siglo IV ya había un sector (léase “secta”) que poco a poco se había ido jerarquizando en contra de las intenciones de Jesús. Esta supuesta secta católica sería la que Constantino oficializó porque le encajaba mejor con sus planes, eliminando (incluso físicamente) a la verdadera Iglesia cristiana, que no sería jerárquica sino asamblearia y autónoma (al estilo de las iglesias evangélicas actuales), y es por eso que la Ruptura Protestante de Lutero era una necesaria restauración de esa Iglesia auténtica que fue suprimida por Constantino, ruptura profundizada por las iglesias evangélicas posteriores. Aquí intentaremos demostrar que ambas visiones son equivocadas.

Constantino no creó ninguna jerarquía porque esa jerarquía estaba ya plenamente formada desde los primeros años, y tampoco podemos suponer que existiera en el cristianismo una “secta” jerarquizada diferente del resto de la Iglesia. Ya hemos visto en artículos anteriores que la Iglesia primitiva era bastante homogénea –precisamente por su carácter jerárquico– y los grupos heréticos eran minoritarios y, salvo gnósticos y arrianos, poco menos que anecdóticos y locales. La Iglesia que va a Nicea no es ninguna pequeña secta herética que reciba el apoyo del emperador, sino que toda la Iglesia cristiana fue allí convocada, de todas las regiones del imperio pero también de las zonas fuera del imperio que ya tenían una presencia cristiana (como por ejemplo Persia y las tierras germánicas), por lo tanto el concilio de Nicea no fue una reunión con intenciones políticas entre el emperador y un grupito de escogidos que decidieron eliminar al resto, no hay nada en la historia que pudiera apuntar en esa dirección sino todo lo contrario (si quiere más información consulte los artículos de la serie sobre Nicea aquí). Lo que en este artículo veremos es que esa jerarquía ni fue creada en el siglo IV ni fue desarrollada poco a poco por una reducida minoría sectaria, sino que su génesis está en el mismísimo Jesús, fue desarrollada por los mismos apóstoles, y luego adaptada a las nuevas necesidades que fueron surgiendo a medida que el número de fieles y la extensión geográfica iban aumentando exponencialmente, como ocurre con cualquier organización que crece.

La Iglesia Católica actual (y la Ortodoxa) tiene tres niveles de jerarquía, de menor a mayor serían:

1- diáconos

2- presbíteros

3- obispos

obispo, presbíteros y diáconos

obispo flanqueado por dos sacerdotes y dos diáconos

Los otros cargos como arzobispo, cardenal e incluso papa, son variaciones de estos con diferencias de jurisdicción y funciones, pero no jerarquías nuevas; por ejemplo el papa es el obispo de Roma, cuya jurisdicción abarca a toda la Iglesia y por tanto está por encima de los demás obispos pero no es una cosa diferente al obispo. Los presbíteros son los comúnmente llamados “sacerdotes” o “curas” (de “curato”, el encargado de la cura de almas) en la Iglesia católica, o “popes” en la Iglesia ortodoxa, aunque la palabra técnica sigue siendo “presbíteros”. Veamos cómo y cuándo se originan estos tres niveles jerárquicos a ver si son invención católica o son cargos bíblicos.

Jesús y la primera fase de jerarquización de la Iglesia

El primero que inicia una incipiente pero clara jerarquía es el mismo Jesús. El número de seguidores es todavía muy reducido pero aún así Jesús cree conveniente sentar para su Iglesia unas bases jerárquicas pensando en las necesidades futuras, pues de lo contrario, un gran aumento numérico y geográfico de su doctrina supondría inevitablemente una fragmentación y diversificación, tal como podemos ver claramente, por ejemplo, en las creencias paganas griegas (con múltiples ritos y versiones distintas) o en las actuales iglesias evangélicas.

Jesús no empieza como Juan el Bautista predicando por plazas y campos a gente que le escuchaba y luego volvía a su vida normal, Jesús quiso crear una organización a la que poder formar intensamente durante su breve magisterio. Su intención desde el principio era crear una estructura organizativa que continuara su labor, un “grupo duro” que asumiera el control de la Iglesia cuando él se marchara físicamente. Juan Bautista predicaba y tenía discípulos que le seguían, pero Jesús, además de discípulos, tenía 12 apóstoles, el primer nivel jerárquico, y lo hizo antes aún de comenzar a predicar; fue algo premeditado y planificado, no un acontecimiento circunstancial ni una idea posterior surgida de las necesidades evolutivas.

Vocación primeros apóstolesEl inicio del magisterio de Jesús tiene como preámbulo el Bautismo y las Tentaciones del desierto. Al regresar del desierto ya tenemos a un Jesús preparado para comenzar la predicación del Reino, ¿y qué es lo primero que hace? No empezó a recorrer pueblos gritando su mensaje, como hicieron Juan, los profetas y todos los predicadores de entonces, sino que primero eligió a cuatro de los apóstoles: Santiago, Juan, Pedro y Andrés (Marcos 1:16-20), un núcleo básico que muy pronto se iría completando hasta llegar a los doce. Según Juan, en el capítulo primero, Jesús llamó a sus primeros discípulos nada más volver del desierto, y fue más tarde, tras las bodas de Caná (a la cual nos comenta que también fueron esos primeros discípulos) cuando comenzó su predicación por instigación de su madre a pesar de las protestas de Jesús de que su tiempo “aún no había llegado” (Juan 2:1-12). Fue después de elegir a sus primeros discípulos íntimos cuando comenzará, con ellos, a predicar su nuevo mensaje. Así que, estrictamente hablando, no es que la Iglesia se jerarquice, sino que Jesús primero crea una jerarquía y después comienza a construir su Iglesia. Es evidente que Jesús no fue improvisando según avanzaban los acontecimientos (como en parte sí harían luego los apóstoles), sino que tenía desde el principio muy claro cuál era el proyecto que quería desarrollar, lo cual no es de extrañar si reconocemos en él al mismísimo Dios rematando su proyecto de salvación.

Estos doce discípulos fueron siempre los receptores más privilegiados de su mensaje, los que iban siendo formados para su misión posterior, formación rematada en Pentecostés por el Espíritu Santo. Su objetivo no era simplemente convertirles a ellos, sino prepararles a fondo para que le ayudasen a convertir a los demás, pensando en que ellos serían los pilares de su Iglesia cuando él no estuviera. Pero no acaba ahí la estructura jerárquica creada por Jesús. Cuando ya sus seguidores eran muchos, nombró a setenta discípulos como ayudantes y predicadores (Lucas 10:1-12) –segundo nivel de la jerarquía–, y cuando su movimiento fue suficientemente grande, y ya después de la Resurrección, nombró a un tercer nivel jerárquico de 500 discípulos.

En honor a la verdad habrá que admitir que este tercer nivel no aparece expresamente descrito en ninguno de los cuatro evangelios, pero San Pablo nos habla de que en una de las apariciones de Jesús tras su Resurrección reunió a 500 discípulos (1 Corintios 15:3-8), y la tradición recogió el recuerdo de que esos 500 discípulos eran los que estaban en el monte Tabor cuando llegaron los 11 apóstoles (Judas había muerto) que Mateo nos comenta. Allí Jesús les envió a predicar y bautizar por todas las naciones, tal como nos cuenta, entre otros, San Mateo 28:16-20.

Recordemos también que tras su resurrección, Jesús nombró a Pedro como líder de su Iglesia, como ya comentamos en El Primado de Pedro, aunque como hemos dicho ya, esto no supone una jerarquía nueva sino el dar a uno de los apóstoles liderazgo sobre el resto. A eso se le llama organización. Ya tenemos el esbozo de lo que serán los tres niveles actuales. Podríamos incluso establecer un cierto paralelismo entre estas semillas dejadas por Jesús y la forma que más tarde tomarían:

1- los 12 apóstoles = obispos

2- los 70 discípulos = presbíteros

3- los 500 predicadores = diáconos

(el principal de los apóstoles, Pedro = el principal de los obispos, el papa)

La era apostólica y la segunda fase de jerarquización de la Iglesia

San Esteban como diácono

San Esteban como diácono

A medida que la Iglesia fue creciendo y extendiéndose fue necesario ir ampliando y reestructurando la jerarquía que Jesús había iniciado. En Hechos vemos cómo los apóstoles se plantean la necesidad de nombrar ayudantes, que serán no simplemente elegidos, sino ordenados (sacramentalmente) a tal fin por imposición de manos, o sea, son mucho más que simples hombres realizando una función práctica, son hombres consagrados. El libro de Hechos nos habla de la creación del primer nivel de la era apostólica: diáconos, y lo hace explicando que se consideró necesario nombrarlos “al multiplicarse los discípulos”, o sea, al aumentar el tamaño de la Iglesia:

“Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos*, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.» Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.” (Hechos 6:1-6)

*Nota: Los aquí llamados “hebreos” son los cristianos palestinos de lengua aramea,  mientras que los “helenistas” son los cristianos convertidos de la comunidad judía que procedía de la diáspora y hablaba griego. Ambas facciones convivían pero con tensiones, pues los hebreos eran al principio partidarios de un cristieanismo judaizado y los helenistas defendían que la Nueva Alianza de Jesús derogaba las leyes Mosaicas. El Concilio de Jerusalén se convocó para resolver este conflicto y finalmente las tesis de San Pablo saldrían victoriosas (más información).

El mencionado Esteban es San Esteban, el primer mártir cristiano, apedreado a las puertas de Jerusalén (más información).

Es cierto que aún no los llaman “diáconos”, pero no importa cómo se llamen, sino el cargo en sí. Vemos que empiezan siendo ayudantes consagrados para cuestiones prácticas, pero cuando la Iglesia siga aumentando también irán aumentando sus funciones. Ireneo de Lyon, discípulo de Juan, conoció a uno de esos siete, Esteban, y en sus escritos le llama ya “diácono” (διακονος), así que tal parece ser el nombre que acabaron dándole a ese cargo inaugurado en esos siete. Pero la primera mención a los diáconos con tal nombre la encontramos ya en la carta de Pablo a los Filipenses (Filipenses 1:1), donde empieza saludando, entre otros, a los diáconos de aquella comunidad. Más adelante, con una Iglesia ya extendiéndose por todo el imperio, encontramos a los diáconos por todas las comunidades, y el autor de la carta a Timoteo, probablemente Pablo, ve necesario comentar algo sobre cómo deben ser:

“También los diáconos deben ser dignos, sin doblez, no dados a beber mucho vino ni a negocios sucios; que guarden el Misterio de la fe con una conciencia pura. Primero se les someterá a prueba y después, si fuesen irreprensibles, serán diáconos. Las mujeres igualmente deben ser dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean casados una sola vez y gobiernen bien a sus hijos y su propia casa. Porque los que ejercen bien el diaconado alcanzan un puesto honroso y grande entereza en la fe de Cristo Jesús”. (I Timoteo 3: 8-13)

No vemos aquí a los diáconos simplemente como ayudantes en una función práctica, sino que ya parecen tener un papel más sagrado, aunque su función seguirá cambiando y redefiniéndose junto con el avance de la Iglesia y sus nuevas necesidades.

sacerdote imponiendo las manosEl segundo paso dado por los apóstoles será la ordenación de presbíteros (los sacerdotes), un nivel superior a los diáconos y con mayores y más sagradas funciones. Aparecen mencionados en diversas partes del Nuevo Testamento (Hechos y epístolas), pero a mediados de Hechos ya nos cuentan que Pablo iba ordenando presbíteros en todas las comunidades que creaba:

“En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído.” (Hechos 14:23)

Y de nuevo llegarán consejos sobre cómo deben ser estos presbíteros, y vemos que el grado de exigencia es mayor que para los diáconos, porque mayor son también sus funciones:

Te he dejado en Creta, para que terminaras de organizarlo todo y establecieras presbíteros en cada ciudad de acuerdo con mis instrucciones. Todos ellos deben ser irreprochables, no haberse casado sino una sola vez y tener hijos creyentes, a los que no se pueda acusar de mala conducta o rebeldía. Porque el que preside la comunidad, en su calidad de administrador de Dios, tiene que ser irreprochable. No debe ser arrogante, ni colérico, ni bebedor, ni pendenciero, ni ávido de ganancias deshonestas, sino hospitalario, amigo de hacer el bien, moderado, justo, piadoso, dueño de sí. También debe estar firmemente adherido a la enseñanza cierta, la que está conforme a la norma de la fe, para ser capaz de exhortar en la sana doctrina y refutar a los que la contradicen. (Tito 1:5-9)

Entonces ya solo nos quedaría encontrar en la era apostólica el último y más alto nivel jerárquico, la figura del obispo. En realidad, puesto que los obispos son los sucesores de los apóstoles, podemos decir que los obispos fueron ya creados por Jesús (los apóstoles), pero a medida que la Iglesia iba creciendo en tamaño y extensión (y al mismo tiempo los apóstoles iban pereciendo), estaba claro que había que nombrar más obispos que actuaran en representación de los apóstoles y aseguraran la cohesión de la Iglesia en todas las tierras. Y eso es lo que encontramos, ya en vida de los apóstoles tenemos constancia de que se han empezado a nombrar obispos. No tenemos constancia en la Biblia del momento en que se plantea el problema y se decide empezar a nombrar obispos, pero sí tenemos constancia de que ya se han creado. Uno de los pasajes que los mencionan es este de Pablo en donde da consejo sobre cómo deben ser:

“Palabra fiel es ésta: Si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer. Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso. Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?); no un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo. Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo.” (1 Timoteo 3:1-7)

obispoEn algunas traducciones, sobre todo protestantes, a veces en vez de la palabra “obispo” dice “el que preside”, “el presidente” o cosas por el estilo, pero eso solo es cuestión de gustos a la hora de traducir el griego original ἐπίσκοπος (“episkopos”= vigilante, inspector, supervisor, superintendente) pero que en su nueva dimensión religiosa cristiana pasó tal cual al latín (episcopus), y de ahí a las lenguas modernas, como “obispo” (adjetivo: episcopal). En 1 Timoteo 3:1 “si alguno aspira al cargo de obispo” dicen en original: εἴ τις ἐπισκοπῆς ὀρέγεται (ei tis episkopēs oregetai). Traducir “episkopos” por “presidente” es lo mismo que si traducimos “rey” por “gobernante”, pues ese es el origen etimológico de la palabra, pero no podemos negar que un rey es más que un simple gobernante. Del mismo modo a veces traducen “anciano” en lugar de “presbítero”, por ser el origen etimológico del término, pero en el Nuevo Testamento, en los contextos mencionados, se está usando esa palabra no para describir una edad, sino para describir un cargo. También la palabra “diácono” significa en griego “servidor”, pero los apóstoles lo usan para designar un cargo con unas atribuciones concretas, nada que ver con los servidores normales. El fondo de esta cuestión muy probablemente se reduce a que las palabras “obispo”, “presbítero” y “diácono” suenan demasiado católicas y evidencian una jerarquía que muchas denominaciones cristianas se esfuerzan por negar.

Lo que sí parece claro es que en la era apostólica, al menos en los documentos del Nuevo Testamento, no hay una distinción clara y radical entre presbíteros y obispos. Pero sí vemos que ciertos presbíteros, normalmente denominados con su función añadida de “epíscopos” (vigilantes) realizan funciones de presidir y también de “vigilar” una o más comunidades para asegurar la coordinación, la no desviación de la doctrina y la resolución de conflictos. Esta función no era necesaria al principio, cuando los cristianos eran pocos y estaban al alcance de los apóstoles, los cuales ejercían esa función, pero al irse extendiendo las comunidades los apóstoles ya no pueden mantener el control de todas ellas y empiezan a utilizar a ciertos presbíteros destacados y de confianza para delegar en ellos sus funciones, con lo cual justamente se considerará a los obispos los sucesores de los apóstoles. Por ejemplo, vemos cómo Pablo deja a Timoteo a cargo de esa función de “vigilante” (epíscopos) para que presida la iglesia local de Éfeso, y a Tito para que presida la de Creta.

Timoteo y Tito, santos y obispos

Timoteo y Tito, santos y obispos

Como te rogué al partir para Macedonia que te quedaras en Éfeso para que instruyeras a algunos que no enseñaran doctrinas extrañas, (1 Timoteo 1:3)

Te he dejado en Creta, para que terminaras de organizarlo todo y establecieras presbíteros en cada ciudad de acuerdo con mis instrucciones.” (Tito 1:5)

Vemos que a Timoteo expresamente le pide que vigile la doctrina y a Tito que ordene a otros sacerdotes, lo cual los sitúa por encima de los otros presbíteros. Por si no está suficientemente claro le pide a Tito que ejerza su autoridad religiosa sobre los demás:

“Así debes hablar, exhortar y reprender con toda autoridad. No des ocasión a que nadie te desprecie.” (Tito 2:15)

Y así no es de extrañar que a la muerte de los apóstoles encontremos ya textos cristianos en los que se ve con más claridad la separación de funciones entre los obispos y los demás presbíteros. Ya a finales del siglo I y principios del II se ve claramente que la Iglesia está organizada en torno a sus obispos. El propio obispo de Antioquía, muy pocos años después de la muerte de Juan, nos dirá:

”Ahora que por vuestra parte todos habéis también de respetar a los diáconos como a Jesucristo, lo mismo digo del obispo que es prefigura del Padre y de los presbíteros que representan el Senado de Dios y el Colegio de los Apóstoles. Si quitan esto no hay Iglesia.(San Ignacio de Antioquía, Carta a los Tralianos, año 107)

Con posterioridad, a medida que la Iglesia sigue creciendo y expandiéndose en número y geografía, se necesita refinar más la jerarquía para poder seguir ejerciendo las mismas funciones de antes en su nuevo contexto. Ahora hay tantos obispos que se necesita una manera de coordinar también a los propios obispos, de ese modo los obispos de las ciudades más grandes, los metropolitanos, adquieren ciertas funciones de coordinación y supervisión sobre los obispos de ciudades pequeñas. Cuando las comunidades aumenten aún más, varias sedes prominentes irán extendiendo su influencia a todos los obispos metropolitanos de su zona, surgiendo así los patriarcados, y como referencia última estará el papa.

San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla

San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla s.IV

En el siglo IV, cuando llega Constantino, ya estaban bien establecidos los cuatro patriarcados de la Iglesia: Roma, Jerusalén, Alejandría y Antioquía, a los que décadas más tarde se uniría Constantinopla, formando así la Pentarquía. Los patriarcas son obispos que tienen autoridad sobre los demás obispos de su área de influencia, inicialmente es una autoridad moral, finalmente será una autoridad “legal”. Estos cuatro patriarcas son en realidad obispos con jurisdicción sobre otros obispos, así que no podemos hablar de la creación de una cuarta jerarquía postbíblica, sino de una redefinición organizativa por motivos prácticos.

El obispo de Roma tenía a su cargo toda la mitad occidental del Imperio Romano, pero desde el principio fue además considerado como el más importante de todos por ser sucesor de Pedro. Esa primacía era aceptada por los demás obispos y los otros tres patriarcas, pero es cierto que los límites de esa presidencia romana sobre los demás patriarcas fue causa de debate e incluso polémica en muchas ocasiones, agravado por cuestiones políticas, sobre todo cuando el imperio occidental y el oriental se separan definitivamente.

En cualquier caso Roma sería el más importante de los cuatro patriarcados (incluso ahora los patriarcas ortodoxos le reconocen una precedencia en honor). No será hasta años después de Nicea cuando el emperador cree por iniciativa propia (esta vez sí) el patriarcado de Constantinopla en su nueva capital, que poco a poco irá por motivos políticos estableciéndose por encima de los tres patriarcados orientales, siendo “segundo solo tras Roma” (como se dice en su acta de creación), y del mismo modo el papel de Roma irá también evolucionando hacia un control cada vez mayor sobre sus propios obispos occidentales y, con éxito desigual, sobre los otros patriarcados.

En cualquier caso vemos que Constantino no se inventó la jerarquía, que ya estaba entera cuando él llegó, que tiene raíces claramente apostólicas, que empieza con el mismo Jesús y que durante todas sus fases (Jesús, era apostólica, Iglesia perseguida, Iglesia tolerada, Iglesia oficial) lo que vemos es un continuo desarrollo adaptándose a las necesidades, pero básicamente para poder hacer lo mismo de siempre en una organización cada vez más extensa y compleja, y manteniendo los tres niveles creados por Jesús.

Cristo Río de JaneiroSi los apóstoles vieron necesario ampliar la estructura que Jesús había creado, es lógico que después de ellos la Iglesia siguiera haciendo lo mismo, ampliar la estructura que los apóstoles habían creado para poder seguir manteniendo la coordinación y la unidad de doctrina. La dirección de ese movimiento apuntaba claramente a un objetivo: coordinar el funcionamiento global y asegurar la unidad doctrinal. Cuanto más grande es la Iglesia y más extensión tiene, más aumenta la necesidad de reforzar la coordinación, de ahí que el papel del papado como garante de esa unidad fuese también creciendo. Comparando la unidad doctrinal de la Iglesia Católica con la inmensa diversidad de doctrinas protestantes comprendemos fácilmente su utilidad y el peligro que tendría si los obispos o sus comunidades tuviesen autonomía doctrinal, aunque por supuesto no es necesario ni conveniente llegar a extremos (no es tema de este artículo hablar sobre los límites adecuados para esas funciones jerárquicas). Las iglesias que han perdido la jerarquía han perdido también la unidad doctrinal, y desde el mismo Jesús hasta los apóstoles, esa era una de las prioridades principales, si el cristianismo se extiende pero su mensaje se pervierte, de poco sirve su expansión.

CONCLUSIÓN

Por todo ello, tras examinar los datos bíblicos y los datos históricos, podemos decir que la Iglesia cristiana fue jerárquica desde sus orígenes, y no solo eso, sino que el mismo Jesús sentó las bases y el espíritu de esa jerarquía durante su magisterio; más aún, comenzó a sentar las bases de su futura Iglesia antes incluso de iniciar su magisterio, lo cual no era en absoluto la conducta esperable de alguien que iniciase su andadura como un profeta o predicador. Sin duda Jesús no fue un predicador que al conseguir éxito decidió empezar a organizar a sus seguidores, él tenía claro cuál era su misión, cuál su objetivo y cuál el desarrollo futuro de los acontecimientos, así que antes aún de lanzar su mensaje a las gentes se ocupó de ir construyendo la estructura que permitiría vertebrar y mantener unida a esa Iglesia que desde el principio quiso crear.

No es pues de extrañar que los apóstoles desarrollaran esa noción de jerarquía más adelante. Esto va en clara contradicción contra los grupos cristianos y paracristianos que defienden que Jesús no pretendía crear una Iglesia ni una religión, o que la Iglesia que él creó se basaba en comunidades autónomas. Comunidades autónomas no existieron ni en vida de Jesús ni en vida de los apóstoles, e incluso las primeras herejías que algunas denominaciones protestantes reclaman para sí como si fuesen sus orígenes históricos, estaban también jerarquizadas y frecuentemente capitaneadas por obispos heréticos. La jerarquía católica es la fiel heredera de la jerarquía de la Iglesia apostólica, y se puede discutir si debería o no aumentar la colegialidad, pero no se puede discutir la estructura jerárquica en sí so pena de desviarse de la Tradición y la misma Biblia.

Para las cosas humanas parece que la democracia es el mejor sistema de los que tenemos (o al menos sin duda el menos malo), pero para las cosas de Dios no podemos pretender funcionar de la misma manera, porque la democracia se basa en la voluntad de la mayoría, no hay una verdad absoluta, sino una voluntad en continuo cambio que busca ser reflejada en el poder. La Iglesia custodia una verdad absoluta y no podemos ponernos a opinar si tal doctrina nos parece bien o mal. Pero la jerarquía no es solo el papa, tanto en la Biblia (Concilio de Jerusalén) como en la Iglesia Primitiva (concilios ecuménicos y concilios locales) vemos que los obispos reunidos en concilio, junto con el papa o sus emisarios, han sido un elemento fundamental en la fijación, aclaración y defensa de la doctrina, así que defender la supremacía del papa no está en contradicción con la voluntad de muchos de nosotros de aumentar la colegialidad y el peso de los concilios en asuntos doctrinales.

Incluso el sistema democrático es jerárquico, con un jefe de estado, un parlamento y otros organismos que van creando una pirámide hasta llegar al pueblo llano que se limita a votar y a menudo no mucho más. Las iglesias evangélicas y paraprotestantes, que afirman no ser jerárquicas sino “democráticas”, también tienen cierta jerarquía, con o sin cabeza superior, pero a nivel de asambleas locales tienen sus “ancianos” o equivalente, y en algunos casos lo que tenemos es un pequeño dictador que controla férreamente a su pequeña o grande asamblea, que en los casos extremos producen las ya conocidas sectas destructivas y auténticos “lavados de cerebro”. El fanatismo y la dictadura surgen con mayor facilidad cuando una comunidad tiene un líder sin control externo que cuando está controlado por una institución jerárquica mucho mayor. Un sacerdote loco que empezara a predicar a favor del asesinato de infieles y de dar palizas a las mujeres desobedientes no duraría ni tres días en la Iglesia Católica, pero puede durar toda una vida y amasar multitud de seguidores con total impunidad en una religión como el Islam, que aunque tiene clero no tiene una estructura jerárquica capaz de controlar a sus elementos díscolos. Quienes están en contra de la jerarquía eclesiástica no pueden construir en su lugar un sistema democrático, que también es jerárquico, sino anárquico, y eso sería expresión del relativismo puro y duro, nada que ver con el cristianismo.

Cuestión aparte sería el lado puramente organizativo humano de la Iglesia. En cuestiones puramente mundanas sí sería posible, e incluso deseable, que la Iglesia Católica (y cualquier otra) profundice en su democratización y sea más asamblearia, con más autonomía local para manejar sus asuntos locales, aunque solo sea por adaptarse al espíritu de los tiempos. Los cristianos medievales no tenían noción ni espíritu participativo en la toma de decisiones pero los cristianos modernos, al menos en Occiente y algunas otras partes, son ciudadanos acostumbrados a participar en la toma de decisiones, al menos en ciertos niveles, y si les cierran las puertas a la participación se sienten excluidos e incluso distanciados de una Iglesia que se les impone desde arriba en lugar de ser la comunidad en la que participan.

Hay que diferenciar bien entre qué asuntos son doctrinales (verdades inmutables) y qué asuntos son mundanos y por tanto mutables y susceptibles de ser adaptados a los tiempos. Asuntos de actualidad como el celibato sacerdotal, la participación de la mujer en la jerarquía, el uso del preservativo, etc. no son temas doctrinales y por tanto sí están abiertos al debate, y ese debate puede ser democrático, incluso moverse de abajo a arriba. Los asuntos doctrinales solo pueden moverse de arriba abajo; así lo quiso Jesús, así lo organizaron los apóstoles, así lo ha mantenido la Iglesia Católica durante sus 2000 años de historia. La jerarquía no tiene que ser un sistema dictatorial, pero es un sistema bíblico, eficaz e instaurado por el mismo Dios hecho carne.

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5 thoughts on “La jerarquía en la Iglesia Primitiva

  1. Gracias por el artículo, ha sido muy ilustrativo y ha dejado algunos asuntos en claro. Ahora bien, tengo algunas preguntas que le agradecería me respondiera:

    1. Dice que los obispos digamos son el reemplazo o los representantes directos de los apóstoles. En el primer concilio, celebrado en Jerusalén, según el capítulo 15, el verso 2 y el 6, se habla de que en dicho concilio participaron los apóstoles y los ancianos (presbíteros) se reunieron y en conjunto, o bueno, después de que Santiago dio su punto de vista y todos estuvieron de acuerdo se definió el asunto. Dichos ancianos me parece que eran solo de Jerusalén. Así las cosas y siguiendo este modelo de concilio, ¿en los concilios quienes participan? ¿obispos y presbíteros? ¿solo obispos? ¿como es el modelo actual y en que se parece o difeberencia a su modelo bíblico?.
    2. Dichos ancianos y apóstoles que según ese pasaje de hechos 15 estaba en Jerusalén y al que fueron Pablo y Bernabe, era que casualmente todos estaban allá o como en realidad estaba organizado la iglesia en este caso en particular, digamos, quien era los que llevaban la delantera. Lo pregunto demás porque por ejemplo de este par de textos, los testigos de jehova dicen que en el primer siglo ellos eran el Cuerpo Governante o junta administrativa que dirigía todas las iglesias del mundo y que por tanto era un grupo de hombres y no un hombre quien gobernaba la iglesia. ¿Que opinan?

    3. Según Hechos 20:17, por ejemplo, se habla de que la iglesia de dicha ciudad tenia presbíteros, en plural, o sea, da a entender que dicha iglesia tenia varios presbíteros. Incluso en un comentario de San Ignacio de Antioquia da a entender que el obispo es uno ero que en cada iglesia hay un grupo de presbíteros, no sólo uno. 1 Timoteo 4:14 se dice que un grupo, consejo o colegio de presbíteros impuso las manos sobre Timoteo, seguro para nombrarlo y ordenarlo presbítero o algo así, dado a entender que era un colegio y no un solo hombre. Sin embargo, entiendo que hoy en día en cada iglesia no hay un cuerpo de presbíteros o ancianos, como se da a entender tato por la biblia como por el comentario de San Ignacio, que dirigen dicha iglesia sino solo un presbítero, y cuando se impone las manos, ni lo hace un grupo de hombres sino uno solo, .¿se está siguiendo el modelo bíblico? ¿no? ¿desde cuando y por que? ¿como es el funcionamiento actual en este asunto?

    4. Al leer el capítulo 1, los versos 5 a 9, que ti citas en apoyo de que los representantes de el Apóstol Pablo, al tener autoridad para nombrar presbíteros en cada ciudad, muestra que había un hombre que estaba sobre ellos y administraba y este sería el superintendente o episcopo, sobre todos los presbíteros que el nombre, el mismo pasaje usa la palabra presbíteros y episcopos de forma sinónimo, intercambiable, como si fuera lo mismo. Así las cosas y aunque evidentemente había alguien por encima de los presbíteros, como lo fue Tito, en realidad este era un cargo de episcopos aparte. ¿O sea el uno o el otro hacen lo mismo, son lo mismo, solo que el uno administra un grupo de iglesias y el presbítero solo esta laborando en exclusivamente una sin entrometerse en las demás? ¿que comentarios tienes respecto a todos este asunto?

    Solo para anotar que en el comentario que hace la Biblia de Jerusalén dice a estos versículos de Tito, en parte: “Unos y otros (presbíteros y episcopos), jefes de comunidades locales, están no solamente encargados de la administración temporal, sino numerosas funciones propiamente religiosas.” Pareciera dar a entender que son términos y cargos diferentes, pero no veo que el pasaje diga tal cosa, no se.

    5. Se que tal vez me salgo un poco del tema, pero todos los pasajes que muestras acerca de los requisitos para ser nombrados presbíteros y diáconos, así como episcopos, que me parece que son la misma cosa que un presbítero, indican que este debía estar casado, o por lo menos que si tiene mujer, debe administrar y ser ejemplar con su familia. Hoy día, que yo sepa ninguno de ellos pueden estar casados. ¿porque no se sigue el. Modelo bíblico? ¿a razón de que fue cambiado? ¿porque el celibato si en si or inspiración no es requisito? Precisamente, por ello, y dado un Pablo dijo que en algún momento parecerían individuos que prohibirian casarse, es que se acusa a la Iglesia Católica de ser apóstata y aquellos de quien Pablo dijo. ¿esto se puede cambiar? ¿no? ¿mandatos de hombres como doctrinas?

    Todo esto hago desde el respeto, y con ánimo de saber, pero haciendo a la vez preguntas lo más puntuales para que para mi como para otros lectores entendamos mejor la Iglesia Católica un pues ni es que conozca muy bien, y de la cual he recibido las peores referencias, pero quiero ser objetivo a fin de tres bar una opinión bien sustentada. Gracias por tus comentarios.

    • Hola Alfonso, intentaré responder lo mejor que pueda a tus preguntas.

      1. QUIÉNES PARTICIPAN EN LOS CONCILIOS. En los concilios cristianos posteriores al de Jerusalén participan también obispos y presbíteros, e incluso diáconos, y a menudo vemos también, en calidad de observadores o consejeros, a laicos. Son los obispos los que deciden (los que votan), pero los presbíteros asesoran y pueden participar en las discusiones tanto o más que sus obispos (como ejemplo tenemos a San Atanasio, que en el Concilio de Nicea era solo presbítero y sin embargo fue probablemente el orador más relevante de todo el concilio). En el Concilio de Jerusalén quien preside es el obispo de Jerusalén, que en ese momento era evidentemente la Iglesia más importante y el centro del naciente cristianismo. En los concilios posteriores, a partir de la legalización del cristianismo, será el emperador quien presida. Esto no es tanto decisión de la Iglesia como imposición del poder. El emperador presidía los concilios del mismo modo que presidía todo lo que consideraba importante, aunque presidir no significa dirigir, simplemente enterarse de todo, estar ahí (los días que quería ir) y figurar como la persona principal, o de lo contrario no permitiría el concilio. En Nicea, por ejemplo, tenemos a Constantino presidiendo (aunque solo asistió a una pequeña parte del concilio) pero la persona que realmente ejercía de presidente (en el sentido en el que Santiago ejercía de presidente en Jerusalén) fue más bien el obispo hispano Osio de Córdoba, enviado por el papa, quien dirigió las discusiones del concilio. Posteriormente, cuando la Iglesia pueda permitirse el lujo de quitarse de encima a reyes y emperadores, será el papa quien presida los concilios. En esto tenemos la misma situación que ves en la Biblia, pues el papa es el obispo de Roma igual que Santiago era el obispo de Jerusalén, y si Jerusalén era el centro de la cristiandad entonces, ahora, en la Iglesia Católica, lo es Roma, así que es normal que sea su obispo quien presida y quien tenga la última palabra en caso de necesidad. Tal como lo vemos nosotros, en el Concilio de Jerusalén se presentan posturas diferentes y se discuten, pero luego tenemos el discurso de Pedro, cabeza de la Iglesia, en donde el asunto queda zanjado, cediendo él mismo en buena parte de su idea inicial y alcanzando un resultado. Es después de hablar Pedro cuando Santiago, que preside la asamblea, se levanta y da su discurso final en el cual recoge lo dicho por Pedro y expresamente hace referencia a que eso es lo que Pedro ha dicho. Así que en cierto modo podemos decir que en la Iglesia Católica el papa, como cabeza de la Iglesia (sucesor de Pedro) y como presidente del concilio, por ser el obispo de Roma, el centro de la Iglesia, asume en los concilios el papel que en aquella ocasión tuvo Pedro y también Santiago, pero unidos en una sola persona por ser el obispo heredero tanto del papel de Pedro como de la dignidad de la sede jerosolimitana.

      2. GOBIERNO DE LA IGLESIA. Si entiendo bien lo que quieres decir aquí, te diré que el papa es el cabeza de la Iglesia, no la única persona que gobierna, pues la Iglesia está principalmente gobernada por los obispos, los cuales están sometidos al papa. El Vaticano (el gobierno político-religioso de la Iglesia) está presidido por el papa pero también tiene la curia, los dicasterios (ministerios), etc. No es lo mismo gobernar una pequeña comunidad que empieza, formada tal vez por unos cuantos miles de miembros, que gobernar una comunidad de más de mil millones de personas repartidas por todo el mundo. Sería imposible y absurdo pretender que la estructura de la Iglesia actual sea la misma que la de la era apostólica, pero tal como hemos visto en el artículo sobre la jerarquía católica, el concepto básico detrás de esa estructura es similar.

      La Iglesia está fundamentalmente gobernada por los obispos, como descendientes de los apóstoles, unidos bajo la presidencia del obispo de Roma, al que llamamos el papa, como descendiente del apóstol que fue nombrado por Jesús cabeza de la Iglesia. Y por supuesto, detrás de todos ellos está el Espíritu Santo inspirando e iluminando, pero sobre todo impidiendo que en cuestiones doctrinales la Iglesia pueda meter la pata y alejarse de la verdad. Así que a efectos doctrinales podemos decir que es el Espíritu Santo quien realmente dirige la Iglesia, y a efectos más mundanos (a efectos políticos, podríamos decir), son los obispos, con sus asesores, presididos por el papa. Afirmar que la Iglesia Católica está gobernada por el papa y solo por él, es una enorme simplificación, pero es cierto que en la pirámide jerárquica el papa está en la cúspide y eso garantiza la unidad de pensamiento y acción en caso de conflicto. Pero así es como lo dispuso Cristo cuando nombró a Pedro cabeza de la Iglesia y le situó a un nivel por encima del resto de sus compañeros.

      3. GOBIERNO DEL CONSEJO DE PRESBÍTEROS LOCAL. En Hechos vemos ya claramente la estructura básica de la Iglesia, pero como te comenté más arriba, no podemos pretender que la enorme Iglesia actual funcione exactamente igual que esa pequeña Iglesia primitiva a efectos de organización, ni en mi opinión tampoco resulta tan importante que así lo sea, pues lo importante es la doctrina y los sacramentos, y luego la manera de organizarse no deja de ser un asunto principalmente humano. Dicho esto habría que situarse en aquellos tiempos y ver que por ejemplo cuando se habla de “la iglesia de Éfeso” se está haciendo referencia a la comunidad de cristianos que se juntaban en una casa de Éfeso para partir el pan (lo que en nuestro lenguaje actual llamaríamos “celebrar la misa”, y no simplemente adorar a Dios sino celebrar la eucaristía, algo que los Testigos parecen haber olvidado y eso sí es fundamental). En esos primeros años el cristianismo nació en las ciudades y casi no había en los pueblos, así que si algún cristiano había en las zonas rurales del entorno, para poder celebrar la eucaristía con otros cristianos tendría que trasladarse a Éfeso y juntarse con la comunidad de la ciudad. En esa comunidad, según su tamaño, tendrían uno o varios presbíteros presidiendo la asamblea (si la comunidad era pequeña con uno bastaría, si era más grande necesitarían más). Y luego tenemos aquellos presbíteros que han sido nombrados obispos por los apóstoles y su función es supervisar a esas iglesias para dirimir conflictos y asegurarse de que se mantengan homogéneas en la ortodoxia, de lo contrario cada comunidad podría ir evolucionando en una dirección diferente.

      Con el tiempo las comunidades aumentan y en cada ciudad no tenemos ya una sola asamblea sino varias o muchas y surgen también pequeñas comunidades rurales diseminadas por todas partes, así que esa forma de funcionar ya no es posible. El esquema básico permanecerá igual, pero se adapta a la nueva situación. Ahora una ciudad tiene varias asambleas (parroquias) y en cada asamblea hay uno o varios presbíteros, y en las poblaciones pequeñas comienzan a surgir también asambleas propias (más parroquias). La función del obispo será la misma, una función itinerante en la que supervisa diferentes iglesias, pero para ello ahora no necesita ocuparse de varias ciudades, le basta y sobra con una sola ciudad y su zona de influencia, así que se definen las diócesis, que son simplemente el terreno que se asigna a la supervisión de un obispo. Si antes un obispo viajaba a Éfeso, Corinto, Laodicea, etc., para supervisar cinco o diez iglesias locales, ahora con solo ocuparse de Éfeso y su zona de influencia tiene muchas más iglesias locales que supervisar. Dicho de otra forma, lo que antes era una iglesia local, por ejemplo Éfeso (o Zaragoza o Marsella), con una sola comunidad, se transforma con los años en una diócesis compuesta de una multitud de comunidades diferentes, cada una con uno o más presbíteros (como pasa hoy) y todas ellas bajo la supervisión de un mismo obispo.

      En Hechos vemos que por encima de los presbíteros locales está la autoridad de los apóstoles, y esa autoridad es también ejercida en su nombre por los obispos (que en eso consiste la tarea del supervisor), así que de igual modo en nuestra Iglesia actual vemos que por encima de la autoridad de los presbíteros tenemos la de los obispos del que dependen. También los laicos participan en el gobierno de la Iglesia a través de las “asambleas parroquiales”, que discuten y deciden los asuntos mundanos de la parroquia. Dichas asambleas están presididas por el párroco local. Es probable que el consejo de ancianos que se ocupaba de las tareas de una iglesia en Hechos fuese en la práctica lo mismo que las asambleas parroquiales son hoy en día. El problema de extrapolar la organización bíblica a la Iglesia actual es, como te digo, la muy diferente situación en número de iglesias locales y en su dispersión, así que el equivalente a la “Iglesia de Éfeso” ¿sería la diócesis de Éfeso o cada una de las iglesias parroquiales de esa diócesis? Porque podríamos dar argumentos suficientes en favor de las dos posturas, y en tal caso, el equivalente al consejo de presbíteros habría que buscarlo a nivel parroquial o a nivel diocesano. Personalmente creo que habría que buscarlo a nivel diocesano, pues en una parroquia con la asamblea parroquial de laicos basta y sobra. Pero si miramos a nivel de diócesis, te copio aquí esta definición que sin duda te parecerá muy bíblica sacada de la web de la diócesis de Oviedo:

      El Consejo Presbiteral es un órgano consultivo, compuesto por un grupo de sacerdotes que, “a modo de senado y en representación del presbiterio diocesano, ayudan con sus consejos al [Arz]obispo en el gobierno de la diócesis, según las normas del Derecho [canónico], para proveer su bien pastoral”

      En cuanto a lo de imponer las manos, si uno o más, en la Biblia vemos que a veces es una persona la que impone manos y a veces más de una, y en ningún sitio se dice que una persona no baste para ello. En la Iglesia Católica actual ocurre lo mismo, tanto a nivel de sacerdotes (presbísteros) como de obispos, por razones prácticas suele hacer la imposición uno solo pero si la ceremonia tiene especial solemnidad o simplemente porque haya más de uno allí, también se hacen imposiciones de dos o más presbíteros o sacerdotes, y no es un fenómeno puntual y raro, sino de lo más normal.

      4. PRESBÍTEROS Y EPÍSCOPOS SON LO MISMO? Las funciones de presbíteros, obispos y diáconos no están del todo claras en el Nuevo Testamento, creo yo que por la sencilla razón de que fueron cargos que los apóstoles fueron creando sobre la marcha, según las necesidades de la Iglesia creciente, y como es habitual en estos casos, van evolucionando y definiéndose a través del uso. Lo que sí está claro allí es que esos tres cargos expresan funciones diferentes y no se usan como etiquetas intercambiables. Mi postura sobre este asunto es que pudiera ser que los obispos comenzaron siendo un encargo más que un cargo. O sea, un apóstol (en este caso Pablo porque es casi del único que nos cuentan) quiere supervisar un grupo de iglesias locales y entonces nombra a un presbítero para que lo haga (mediante imposición de manos, como hacemos hoy los católicos, o sea, tampoco era un simple encargo sino que se consideraba una función sagrada), y a lo mejor solo hace un viaje por esas comunidades y regresa para seguir siendo un presbítero normal (a lo mejor, aunque no me parece muy probable teniendo en cuenta la imposición de manos anterior).

      En cualquier caso, si eso comenzó siendo así, la evolución hacia un nombramiento permanente debió ser muy rápida porque a finales del siglo primero ya tenemos claramente obispos nombrados in aeternum, y cada uno con su propia diócesis. En cualquier caso no olviden que tanto entonces como ahora, un obispo es un presbítero, de igual modo que el papa es un obispo. Un obispo católico u ortodoxo es un sacerdote que ha sido “ascendido” al cargo de supervisor (ascendido en responsabilidad). Pero entre los sacramentos católicos tenemos el llamado “orden sacerdotal”, que es la imposición de manos que convierte a una persona “normal” en un presbítero al servicio de Jesús, en un ministro de Cristo; y sin embargo no existe un sacramento diferente para “crear obispos”, o sea, el obispo no es una cosa diferente al sacerdocio, es, en cierto modo, un sacerdote con una función diferente. Por eso actualmente también nosotros podemos decir que episcopo y presbytero son en cierto modo sinónimos en carácter (aunque no en su función). En cualquier caso, por si es eso lo que sugieres, esas palabras no aparecen en la Biblia como puros sinónimos, pues sus funciones son diferentes, y el hecho de que al nombrar a un presbítero obispo los apóstoles le hagan una imposición de manos, implica que esa tarea solo la puede desarrollar una vez que ha sido investido de un rango espiritual nuevo. No es que Pablo mande a un sacerdote a supervisar, sino que elige al sacerdote, le impone las manos y ahora, ya convertido en obispo, le envía a supervisar. Igual que hacemos los católicos hoy en día.

      5- EL CELIBATO ES DOCTRINA BÍBLICA? Veamos ahora el tema de si los curas u obispos deben o no casarse. Insistes mucho en el “modelo bíblico” de organización. Es probable que la formación religiosa de tu pasado incidiera mucho en ese asunto como algo importante, pero repito que lo verdaderamente importante es la doctrina y los sacramentos, que la manera de organizarse es un aspecto humano de cualquier organización y no es tan importante si lo hacemos así o asá. Bueno, no digo que dé igual, me refiero a cuando descendemos a cada detalle, pues igual que los apóstoles fueron cambiando la organización a medida que la situación fue evolucionando, igualmente la Iglesia posterior tuvo que seguir adaptando la organización a las nuevas situaciones, así que no esperes ver en la organización humana de la Iglesia Católica un calco de la de aquella pequeña Iglesia primitiva, sería imposible e innecesario. Y aún así en lo básico el modelo sigue siendo el mismo, incluso en el tema de casarse.

      Al principio ni a presbíteros ni a obispos se les exige virginidad, entre otras cosas porque también algunos apóstoles estaban casados, pero sí se nos presenta el celibato como el estado ideal para un presbítero (y por tanto para un obispo). Mira por ejemplo 1 Corintios 7:6-9. Fíjate bien que lo que allí dice Pablo es que la indisolubilidad del matrimonio es un mandato divino mientras que el celibato es una recomendación, un ideal, y así lo ha entendido siempre la Iglesia, por eso la Iglesia Católica se ve imposibilitada para permitir el divorcio (algo que los protestantes han aceptado a pesar de la prohibición clara de Jesús) mientras que el celibato eclesiástico es una “norma eclesiástica” y por tanto una decisión organizativa y revocable, o sea, la Iglesia puede, si lo considerase oportuno, permitir en el futuro el matrimonio de los sacerdotes, y de hecho ya lo hace en algunos casos (los sacerdotes católicos de rito oriental pueden casarse, y los pastores anglicanos casados que se convierten al catolicismo pueden seguir casados y ser sacerdotes católicos).

      El mismo papa hace unas semanas ha recordado esta distinción, que incluso muchos católicos no tienen clara, y ha dicho eso mismo, que el celibato no es doctrina, sino una decisión de la Iglesia que puede ser revisable, lo que ha llevado a muchos a pensar que el papa planea terminar con el celibato, lo cual es ya mucho deducir. Y luego, a nivel personal de cada cristiano, el voto de celibato a nivel individual o a nivel de ingreso en una comunidad religiosa (monjes y monjas) es una opción totalmente personal. El mismo Jesús (Mateo 19:4-12) ya había dicho exactamente lo mismo que Pablo, que el divorcio es imposible pero que el celibato es un estado ideal, y habla de los que decidieron no casarse “a causa del Reino de los Cielos”, que es el caso de los sacerdotes, que renuncian al matrimonio para poder dedicarse en cuerpo y alma al Reino. O sea, el mismo Jesús reconoce que el celibato sacerdotal es el estado ideal, aunque no obligatorio.

      Jesús era célibe, ¿te imaginas a un Jesús casado? Pues claro, sería perfectamente posible, pero evidentemente no podría haberse dedicado al Reino en cuerpo y alma, que es para lo que vino a este mundo. La Iglesia, por la autoridad concedida por Jesús, pronto decidió que ese estado recomendable debía ser obligatorio, pero lo hizo obligatorio por su decisión (de la Iglesia), no por mandato divino, aunque inspirada por las palabras de Jesús y los apóstoles. Y esa decisión se tomó en una fase muy temprana de la Iglesia, lo puedes ver explicado con más detalle al principio de este artículo de la web del Vaticano: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cclergy/documents/rc_con_cclergy_doc_20070224_hummes-sacerdotalis_sp.html

      Bien, para ser más precisos, parece que muy al principio se estableció ya la obligación de continencia, aunque se seguía permitiendo el matrimonio, solución que me parece a mí mucho más surrealista y complicada, pues permitirle a un presbítero que se case pero obligarle a no tener relaciones sexuales con su esposa es pedirle un sacrificio mucho mayor a él y también a ella, y en la sociedad moderna me parece que eso sería impensable, aunque en las sociedades antiguas sí era una opción considerada válida y de hecho se usó también en la Iglesia Occidental durante todo el primer milenio, hasta que finalmente, con grandes tiras y aflojas durante siglos, e influidos también por el mandato de Jesús de dejar casa o mujer para entregarse al Reino (Lc. 18,28-30; Mt. 19,27-30), la Iglesia Católica finalmente decide que el celibato sacerdotal sea obligatorio y no solo la continencia, sino prohibiendo el matrimonio en sí (entre otras cosas porque se convencieron de que los sacerdotes casados eran muy proclives a romper la continencia, como es comprensible).

      Este otro artículo es extenso, pero como tiene arriba un índice por puntos, puedes ir directamente a leer solo aquellos puntos que te merezcan más curiosidad: http://ec.aciprensa.com/wiki/Celibato_sacerdotal_en_el_debate_teol%C3%B3gico_actual#.C2.BFObligaci.C3.B3n_del_celibato.3F

      Pero como hemos comentado, esta ley del celibato es simplemente un modo por el que la Iglesia quiso convertir el ideal en norma de funcionamiento, y al igual que fue la Iglesia quien decidió esa ley, también es ella la que decidirá en el futuro mantenerla o cambiarla según las circunstancias lo requieran.

      Piensa también que las funciones y vida de un sacerdote católico difieren mucho de las de un pastor protestante o evangélico, etc. El sacerdote católico, gracias a su celibato, se dedica en cuerpo y alma a su parroquia, es presbítero 24 horas al día, 365 días al año, siempre, incluso tras su jubilación. Su disponibilidad es absoluta y completa, no tiene un horario de trabajo ni una vida privada al margen de la comunidad. No tiene otro trabajo que le quite tiempo o energía o que le pueda causar algún tipo de conflicto con su sacerdocio. No tiene que preocuparse de ganar el dinero suficiente para mantener a su esposa y a sus hijos, pues lo poco que recibe de su diócesis es bastante para vivir, o al menos para sobrevivir. Una función muy importante del sacerdote católico es la de ser confesor, y conocer los pecados más íntimos de sus parroquianos, y el secreto de confesión es considerado fundamental. Un sacerdote casado, seamos prácticos, tiene más difícil el mantener el secreto de confesión, pues aunque no revele a su mujer lo que le han contado en el confesionario, una mujer curiosa (no por ser mujer sino por ser curiosa) bien puede sonsacar rasgos generales de este o aquél a base de hacer los comentarios y preguntas oportunos. La disposición total y obediencia del sacerdote ante su obispo también sería mucho más complicada de llevar si las consecuencias no solo son para ti sino también para tu mujer, que podría presionar o protestar cuando el obispo decide algo que afecta a su vida de modo no deseado (como por ejemplo trasladarlo de ciudad o aumentar sus tareas, etc). Y tener tu propia familia implica también necesariamente estar mucho más involucrado en el mundo temporal y tener menos tiempo no solo para tus funciones eclesiales sino también para desarrollar tu mundo espiritual. En fin, que a efectos prácticos el permitir el matrimonio supondría dificultar y reducir grandemente la labor de los sacerdotes católicos tal como lo entendemos nosotros. También podemos hablar de que el matrimonio supondría ciertas ventajas, como el estar más en contacto con la realidad de tus feligreses, conocer mejor sus conflictos y problemas, no tener que combatir tanto contra las necesidades de la carne, etc., pero hoy por hoy la Iglesia aún considera que las ventajas no compensan los inconvenientes. Y luego está el asunto puramente práctico y económico: un sacerdote casado debería ganar bastante más dinero (algo que la Iglesia no se puede permitir, por mucho que algunos digan que es rica, a menos que el dinero que se gasta en los pobres pase a gastárselo en duplicar el sueldo a los sacerdotes y darles para que puedan comprarse su propia vivienda o alquiler, pues muchos de ellos viven en pequeñas casas parroquiales o compartiendo piso con uno o varios más). O tendría que buscarse además un trabajo temporal, como hacen muchos pastores protestantes, lo cual limitaría mucho más aún su dedicación a la parroquia.

      Y la opción de algunas iglesias protestantes, en las que es la parroquia la que paga al pastor, tiene un grave problema: el pastor se esfuerza en tener a su congregación contenta para que sea lo más numerosa posible y así sacar más dinero. Tenerles contentos está bien, pero es fácil acabar consciente o inconscientemente intentando evitar el conflicto o molestar a nadie para que no “se te vaya”. Un sacerdote no tiene que buscar el caer bien, aunque también, sino sobre todo el ejercer su función correctamente, y especialmente en los tiempos actuales, eso supone muchas veces enfrentarse con gente que pretende usar la Iglesia según su capricho y opinión, y el cura debe de ser capaz de decir “no” cuando es necesario, se moleste quien se moleste. De igual modo, en las denominaciones en donde es la comunidad la que contrata al pastor, los pastores, en busca de comunidad (o sea, en busca de trabajo), tienen que adaptarse a lo que la comunidad quiere pues de lo contrario será despedido. Para los católicos, el sacerdote es el pastor que guía a las ovejas, no el empleado que va obediente detrás de ellas. La gente necesita un guía, no un criado. Es cierto que, como dijo Jesús, el pastor de las ovejas no está para dominarlas, sino para servirlas, pero eso no significa que deba estar “a su servicio”.

      Pero bueno, todo esto son reflexiones personales de por qué me parece que el celibato fue una decisión de la Iglesia adecuada, pero como te dije, es una disciplina eclesial, o sea, una norma de la Iglesia, que estará en vigor mientras ella considere que sigue siendo útil, y será anulada si algún día considera que ya no lo es. Los mismos ortodoxos (herederos de la Iglesia primitiva igual que nosotros) no fueron tan lejos y se quedaron en la fase inicial, o sea, recomiendan el celibato a los sacerdotes porque consideran que es la situación ideal para ellos, pero no les impiden casarse si así lo desean. Sin embargo sí tomaron la misma decisión en cuanto a los obispos, porque consideran que un obispo sí tiene que estar dedicado a su iglesia al 100%, así que solo los presbíteros célibes pueden ser nombrados obispos. También es una opción válida e igualmente fiel al Nuevo Testamento.

      Y la idea muy extendida hoy en día de que si permitieran a los sacerdotes casarse entonces aumentarían enormemente las vocaciones… es una idea sin ninguna base. Las vocaciones han disminuido porque con la vida y mentalidad moderna es muy difícil que alguien decida dedicarse en cuerpo y alma a Dios y/o a los demás renunciando a su propia vida, pero el compromiso total que supone el celibato parece ser más bien un factor que refuerza la vocación en lugar de debilitarla. En los sitios en donde el celibato es solo una opción no apreciamos que las vocaciones sean mayores. En las sociedades católicas el número de vocaciones se ha desplomado, pero eso es porque las sociedades occidentales se han secularizado y ha disminuido mucho el número de hijos. Si tomamos datos de las familias que realmente siguen siendo católicos practicantes al estilo de antes (viviendo una fe plena y no un catolicismo social o cultural) y vemos el número de hijos que tienen, el resultado es que en proporción, el número de vocaciones es bastante similar al de antes, a pesar incluso de que la influencia social es hoy muy contraria a que uno opte por el sacerdocio (en contraste con antes, cuando estaba muy bien visto), así que no parece que permitir el matrimonio vaya a servir para que más jóvenes encuentren vocación. Cierto que muchos sacerdotes que hoy han dejado el sacerdocio para casarse podrían volver a él, pero igualmente nos encontraríamos con muchos sacerdotes que viéndose incapaces de conjugar sacerdocio y matrimonio debidamente, optarían por dejar el sacerdocio, ya que dejar el matrimonio y ser solo sacerdote sería una opción imposible (un cura divorciado?).

      Pero de todas formas, como ya he dicho, todo esto son reflexiones acerca de la conveniencia del celibato, no justificaciones de una doctrina que no es tal. Pretendo demostrar que el celibato católico se basa en motivos muy sólidos y razonables, pero siempre sin olvidar que al ser norma y no doctrina, este asunto está totalmente abierto al debate y la revisión, y aunque salvando las distancias, estrictamente hablando es semejante a la discusión sobre si los sacerdotes deberían llevar siempre sotana o clergyman o deberían poder vestirse siempre como les dé la gana fuera de la iglesia. Asunto perfectamente opinable.

      Así que, respondiendo a tu pregunta “¿mandatos de hombres como doctrinas?” la respuesta es simplemente: el celibato sacerdotal es, efectivamente, mandato de hombres, y en ningún momento la Iglesia ha dicho que tal mandato sea una doctrina ni mucho menos, así que no hay aquí apostasía ni alejamiento de la doctrina verdadera, simplemente una norma interna de funcionamiento. Y en cuanto a la referencia que haces de cuando Pablo anunció que vendrían momentos en los que se prohibiría el matrimonio, no dice en ningún sitio que estaba hablando del celibato de sacerdotes, sino del matrimonio en general, o sea, vendría una sociedad perversa en donde el matrimonio quedaría abolido y las relaciones de pareja y sexuales serían “libres”, sin estar encuadradas dentro del sacramento del matrimonio. Y en el fondo eso es lo que ya estamos empezando a ver. Todavía no tenemos ninguna sociedad que prohíba el matrimonio pero ya vemos en Occidente cómo el matrimonio cada vez tiene menos peso, sobre todo en los países ricos, y las relaciones son libres y abiertas, la gente no se casa, se junta, y cuando se hartan se separan y “no pasa nada”, y las relaciones sexuales son cada vez más libres, ya no se tiene conciencia de que el sexo solo es lícito dentro del matrimonio sino que todo vale. No creo yo que se llegue literalmente a prohibir el matrimonio, pero sí concibo un futuro, quizá no muy lejano, en el que el estado deje de usar el matrimonio como institución. De hecho ya en la mayoría de los países europeos a efectos legales da igual o casi igual el casarse (por la iglesia o por lo civil) que el simplemente ir a tu ayuntamiento y apuntarte en un registro llamado “de parejas de hecho”, o sea, parejas que no se casan (no hay matrimonio) pero que se apuntan para que el estado les de los mismos beneficios que a las parejas casadas (aunque frecuentemente no los mismos deberes, así que pronto casarse será desde el punto de vista social una estupidez, pues solo servirá para que tengas los mismos derechos pero más obligaciones que quienes solo se juntan pero no se casan, tal como ya ocurre en muchos casos). Si el matrimonio como institución oficial está llamado a desaparecer, podemos afirmar que en Europa avanzamos a marchas forzadas en esa dirección, así que esa profecía de Pablo podría estar cumpliéndose hoy mismo, y no se refiere en absoluto al celibato sacerdotal, ni tampoco él implica que lo sea, eso sería una interpretación totalmente subjetiva e interesada de la cita bíbilica. Igualmente podría yo decir que cuando Jesús nos advierte de que vendrás falsos profetas a guiarnos a la perdición, en realidad se estaba refiriendo “claramente” a los metodistas o los mormones o los testigos de J. o lo que sea. Pero una cosa es lo que dice la Biblia y otra lo que algunos quieren ver en ella.

      Y todo esto te lo digo así sacándolo de la cabeza, así que si hay puntos que hayan quedado poco claros o detectes algún error, dímelo e intentaré aclararlo mejor cuando encuentre otro hueco.

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