¿Señor, Jehová o Yahvé? sobre los nombres de Dios

Cuando en el Antiguo Testamento aparece el nombre de Dios, los católicos suelen transcribirlo como “el Señor” (o a veces “Yahvé”). Pero se usa “Jehová” entre algunos protestantes, y también entre bastantes evangélicos y paraprotestantes*. De hecho el nombre “Jehová” hoy en día ha quedado asociado a ciertas denominaciones, muy especialmente a quienes llevan su nombre: “Los testigos de Jehová”.

Más de una vez oímos desde ciertos sectores el argumento de que para adorar a Dios plenamente tenemos que usar su nombre “verdadero”, o sea, Jehová (o Jehovah). Esta afirmación necesitaría probar dos cosas: 1- que Dios tiene un nombre propio 2- que ese nombre propio es Jehová. Veamos ambos puntos.

[* Se llama paraprotestantes a diversas religiones surgidas del protestantismo pero que no son propiamente cristianas, aunque usen la Biblia como libro sagrado. Un cristiano tiene que creer que sólo hay un dios, que Dios es uno y trino, que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y que resucitó en cuerpo y alma. Los paraprotestantes más conocidos son los testigos de Jehová, los adventistas y los mormones.]

EL NOMBRE DE DIOS

La Biblia comienza con estas palabras:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” (Génesis 1:1)
בראשית ברא אלהים את השמים ואת הארץ׃

La palabra que usa para Dios (אלהים) se pronuncia “elohim”, que es el plural de “El”, que significa “Dios”. De ahí tenemos muchos nombres derivados como:

Rafael= Dios ha sanado
Miguel= Quién como Dios
Samuel= Dios me ha escuchado
Emmanuel= Dios con nosotros
Israel= Aquel que lucha contra “El” (contra Dios)

Por tanto ese versículo dice literalmente: “En el principio Dioses creó los cielos y la tierra”. No ha faltado quien ha querido sugerir que los hebreos primitivos creían en diversos dioses, pero no es así. También es popular sugerir que de alguna manera los hebreos intuían la naturaleza trinitaria de Dios y por eso lo usaban en plural, pero aunque esto fuera posible, no es necesario suponerlo (al menos desde el punto de vista lingüístico). Al igual que en español, el hebreo conjuga el verbo según la persona y el número y “ברא אלהים” no significa “los dioses crearon” sino literalmente “Dioses creó”. En hebreo el plural se puede usar de dos maneras, o bien para marcar el número (el= dios; elohim= dioses) o bien para marcar importancia, magnificencia (elohim= el Gran Dios, el Dios por excelencia, el único). Ese uso de “Dios” como un plural morfológico que tiene sentido singular lo vemos claro porque el verbo “creó” (ברא) que usa después está conjugado en singular. Las 35 veces que aparece “elohim” en el relato de la creación, lleva siempre el verbo en singular. En realidad, lo mismo se puede pensar de ese “los cielos y la tierra”; “los cielos” (השמים  “hassamayim“)  es simplemente una forma majestuosa de referirse a “el cielo”, mientras que “la tierra” se usa en singular porque no es ensalzada de igual modo. Por esta razón también lo podemos encontrar traducido como “creó el cielo y la tierra”.

Como el plural “elohim” es irregular (debería ser “elim”), con el tiempo surgió un singular regular derivado de “elohim” que fue “eloha”, y también esta forma posterior se puede encontrar a veces en la Biblia con el mismo sentido que “el” (dios). Más aún, también surgió otra regularización posterior, pero esta vez a partir del singular, con lo que tenemos el plural mayestático regularizado “Elim”. Por tanto se usan estas cuatro formas similares para designar a Dios: Elohim, 2570 veces; El, 226 veces; Eloah, 57 veces y Elim, 9 veces.

Así que, al igual que hacemos nosotros, los antiguos hebreos llamaban a Dios simplemente “Dios”, con mayúsculas (en su caso con plural mayestático). Además, sabemos que ni siquiera usaban la palabra “Dios” (elohim) como nombre propio porque lleva artículo, así que en realidad cuando se refieren a Dios lo que dicen es “el Dios” (el único dios), y los nombres propios en hebreo no usan artículo.

Lo mismo ocurre con otro apelativo muy popular. A Dios en el A.T. se le llama más de 300 veces “Adonay”, siendo la tercera forma más usada para referirse a él. Pero “Adonai” tampoco es un nombre, es de nuevo un plural mayestático que significa “Señores”, o sea, “El Gran Señor; Señor de señores” (para nosotros: “el Señor”, con mayúsculas), un título.

יהוה

El Tetragrama sagrado

Sin embargo en el A.T. nos encontramos una sexta forma muy popular de llamar a Dios: יהוה las famosas “cuatro letras del nombre de Dios” o, para abreviar, el Tetragrama (del griego Tetragrámaton = palabra de cuatro letras). Estas cuatro letras son: י (Yod*), ה (He), ו (Waw), ה (He). Y esta palabra sí que parece estar usada como nombre propio, al menos aparentemente. Este nombre se ha transcrito en las biblias cristianas de diferentes maneras: Yahweh, Yahvé, Jah, Yavé, Iehová, Jehovah y Jehová. ¿Cuál será la correcta?

[*Entendemos ahora por qué Jesús utiliza la expresión de: “ni una yod” י (“iota” en la versión griega), pues era la letra más pequeñita del alfabeto hebraico: “Les aseguro que no desaparecerá ni una iota ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.” (Mateo 5:18)]

En un principio el Dios de Moisés era conocido únicamente como el Dios de los antepasados: “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. El ángel del Señor (Dios mismo) que luchó con Jacob, interrogado, se niega a decir su nombre (Génesis 32:30); al padre de Sansón sólo se le comunica un epíteto de este nombre: “misterioso” (Jueces 13:18). Así también en los tiempos patriarcales se designó al Dios de Israel con adjetivos como “Adday” (el de la montaña) o con expresiones como “fortaleza de Jacob”. Pero un día, en el Monte Horeb, Dios mismo reveló su nombre a Moisés: יהוה y ese será el principal nombre con el que a menudo se designe a Dios a partir de ese momento; más de 6.000 veces (compare con las  2.570 veces de “Elohim”).

Primero aclaremos que la Biblia no se escribió de un tirón ni los primeros libros son necesariamente más antiguos que los escritos posteriormente. Además, en algunos libros se recogen dos versiones diferentes que se funden y mezclan. Por tanto, no esperemos encontrarnos sólo “El” y sus formas derivadas hasta el libro del Éxodo, y a partir de ahí el nombre יהוה. Los epítetos se mezclan y suceden por los diversos libros, pero lo que sí está claro según la Biblia es que el nombre sagrado יהוה teológicamente surge a partir de la revelación de Dios en la zarza ardiendo.

Dios habló a Moisés y le dijo: «Yo soy el Señor [יהוה]. Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como el Dios Todopoderoso [Shaddai], pero no me di a conocer a ellos con mi nombre «el Señor» [יהוה]. (Éxodo 6:2-3)

Da igual, pues, que los historiadores discutan sobre si Moisés ya conocía o no ese apelativo o uno parecido, porque la cuestión es que es en la escena de la zarza donde la Biblia nos revela el sentido de este nuevo nombre que Dios se da. Entonces veamos qué es este nombre, de dónde sale, y si realmente equivale o no a un nombre propio normal, como pueda ser “Jesús”, “David” o “Susana”.

En el Monte Horeb, cuando Moisés divisa la zarza ardiente, Dios empieza definiéndose como un Dios tribal: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob“.  Pero cuando Moisés le pide un nombre concreto que lo identifique, la fórmula empleada por Dios suena más bien como una negativa análoga a la que dio el ángel a Jacob para no revelársele: “Yo soy el que soy”. En realidad parece una manera educada de eludir la respuesta, se podría pensar que no quiere decir su nombre. Para entenderlo más claramente, imagina que al entrar en tu casa te encuentras a un completo desconocido sentado en tu sillón y tú le preguntas “¿Quién eres?” y el desconocido responde “Soy yo“. Pues eso mismo le ocurrió a Moisés, pero la circunstancia es bien diferente.

Los israelitas llevaban mucho tiempo conviviendo con los egipcios y probablemente muchos eran ya politeístas; lo vemos por la facilidad con la que regresan a la idolatría en cuanto Moisés sube al Sinaí y ellos vuelven a adorar al dios egipcio Apis en forma del becerro de oro. Por lo tanto estaban acostumbrados a identificar a cada dios por su nombre. Moisés, criado en el palacio del faraón, también estaba acostumbrado a esa forma de funcionar, así que le parece lógico que ese Dios de sus padres le diga su nombre para poder decirles a los suyos qué dios es ese que les va a proteger. Lo que Moisés quiere saber es quién es ese dios tribal que se le está manifestando, ese dios que se cree más poderoso que todos los dioses egipcios y pretende desafiarlos. Pero la respuesta que Dios le da es bien clara “Yo soy el que soy“. Más explicada sería algo así: Yo no necesito identificarme de ninguna manera porque no hay más dios que yo, yo soy el que soy, el que existe, todos los demás son imaginación humana; ellos no existen, yo soy la Existencia misma, la realidad. Yo Soy.

אהיה אשר אהיה  (ehye aser ehye) “Yo soy quien soy”

El Dios que comienza presentándose como un dios tribal (el Dios de Israel), deja luego bien claro que es el Dios del Universo, el único que existe, la existencia misma. Pero a continuación Dios admite la utilidad de identificarse de alguna manera, así que le propone a Moisés que se refiera a él simplemente como “Yo-soy”, o sea, no estaríamos exactamente ante un nombre propio sino ante un atributo: la existencia (aunque se pueda utilizar en la práctica como si fuera nombre propio). No es simplemente una forma de decir “yo existo”, sino más bien “yo soy la existencia, yo soy la realidad”, usando una forma hebrea que incluye también una idea de continuidad en el futuro. Veamos el pasaje bíblico:

Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa». Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios. (Éxodo 3:5-6)
[...]
Moisés dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?». Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy». Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: Yo-soy me envió a ustedes». Y continuó diciendo a Moisés: «Tú hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre y así será invocado en todos los tiempos futuros
(Éxodo 3:13-15)

Pero el famoso y polémico Tetragrama aparece unos capítulos más adelante, en una nueva aparición (la ya vista cita de Éxodo 6:2-3), o también cuando Dios entrega las Tablas de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí y le dice:

“Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud.” (Éxodo 20:2)

אנכי יהוה אלהיך  (anoki יהוה eloheka) “Yo soy יהוה, tu Dios”

Aquí no dice simplemente “Soy Yo-soy, tu Dios”, sino que dice “Yo soy יהוה, tu Dios”, y esa enigmática forma  יהוה  es traducida en la versión griega de los Setenta como “κύριος“ (kyrios= el Señor), en la vulgata latina como “Dominus” (el Señor), y en los idiomas modernos como “el Señor” (o Yahvé, Jehová, etc). Pero ¿qué significaba exactamente esa palabra en el hebreo original? ¿Era esto al fin un nombre propio?

Según los lingüistas, esta forma se trataría de una combinación de las formas de pasado (היה), presente (הוה) y futuro (יהיה) de la raíz del verbo ser, para indicar la eternidad de la existencia divina. O sea, el mismo Dios se identifica repitiendo otra vez su anterior fórmula “Yo soy”, pero con un sentido más amplio, más atemporal, más eterno. En una sola forma verbal formada por la fusión de tres tiempos verbales,  יהוה  se podría traducir por “el que soy, el que era y el que será”. Comparemos con la manera en que se identifica Jesús en el Apocalipsis estableciendo su divinidad:

Yo soy el alfa y la omega,» dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.” (Apocalipsis 1:8) [o sea, Jesús está diciendo, pero ahora en griego, que él es  יהוה , el mismo Dios que se apareció ante Moisés]

Por lo tanto podríamos afirmar que el nombre con el que Dios se identifica, y el nombre con el que aparecerá identificado más de 6.000 veces en el A.T. es en realidad un atributo divino, no un nombre propio. Al igual que hizo en la zarza ardiendo cuando Moisés le pide su nombre, Dios no revela su nombre, sino que identifica su naturaleza. Así lo entiende también la versión francesa de Luis II (1910) cuando traduce esa frase por “Je suis l’Eternel, ton Dieu” (Yo soy el Eterno, tu Dios), que a la luz de estas conclusiones parece la mejor forma de traducirlo. Así pues, יהוה entraría en la misma categoría que otros epítetos descriptivos que encontramos en la Biblia como por ejemplo “el Señor”, “el Altísimo” o “el Omnipotente”. Cuando algo es único, más aún si es “lo único”, no necesita un nombre, porque los nombres están para diferenciar. Cada luna de Júpiter tiene un nombre diferente (Calisto, Io, Europa, etc.), así podemos saber de qué satélite estamos hablando, pero si se trata de nuestro planeta, la luna es “la luna”, no necesita ningún nombre porque es la única que tenemos, no hay más luna que ella. De igual modo, Dios no necesita un nombre porque no hay ningún otro sino él. Él es Dios.

Si ciertas denominaciones dicen que para adorar a Dios es necesario adorarle en su verdadero nombre (Jehová, según ellos), es por el final de la cita que hemos visto, que dice:

“Y continuó diciendo a Moisés: «Tú hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre y así será invocado en todos los tiempos futuros.”
(Éxodo 3:15)

Pero como hemos visto, el Tetragrama aparece cronológicamente 17 capítulos más tarde como forma sintética del “Yo soy quien soy”. El nombre que Dios reivindica para sí en esta cita es o bien el “Yo-soy”, o bien “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. No habla de un “nombre” en el sentido de un nombre propio, sino de un nombre en el sentido de una manera de nombrarlo, lo que en gramática moderna se llamaría “sustantivo / nombre” como opuesto a adjetivo, verbo, etc. La frase “este es mi nombre” podría traducirse por “así me podéis llamar” o “así me podéis nombrar”.

¿CÓMO SE PRONUNCIA LA PALABRA  יהוה ?

Para empezar necesitamos saber que el hebreo antiguo se escribía de derecha a izquierda y sólo con consotantes (tampoco había diferencia entre mayúsculas y minúsculas), así que por ejemplo TOLEDO se escribiría DLT. Como el sentido de escritura nos da igual para este asunto, digamos que “Toledo” se escribía TLD. Por tanto la palabra יהוה equivalía a las consonantes YHWH. De ahora en adelante nos referiremos al Tetragrama con su transliteración latina: YHWH.

Un dato cultural importante es que en la mentalidad hebrea (como en muchas otras), cuando una persona da nombre a algo o alguien, ese algo o esa persona queda bajo su protección e influencia; por eso es tan significativa la escena del Génesis en la que el hombre dio nombre a los animales; es una forma de establecerse como señor de todos los animales, lo que implicaba comprometerse a protegerlos (Génesis 2:20). Pero por eso mismo, porque te sitúas como señor, la cosa nombrada queda bajo tu influencia, bajo tu poder. De ahí surge la noción de que descubrir el nombre de alguien supone adquirir cierto dominio sobre él, captar y dominar su esencia.  También vemos con frecuencia en la Biblia y también en las historias de otras culturas (como las sagas germánicas o el antiguo cuento de Rumpelstinskin) escenas en las que en medio de una batalla cuerpo a cuerpo, o al final de la batalla, el vencedor insiste en que el vencido revele su nombre; es una manera de afirmar y completar su dominio sobre el vencedor. Ante esta mentalidad, es fácil entender por qué Dios se niega a revelar su nombre, pues de ninguna manera puede el hombre dominar a Dios.

Jacob le rogó [al ángel del Señor]: «Por favor, dime tu nombre». Pero él respondió: «¿Cómo te atreves a preguntar mi nombre?».“ (Génesis 32:30)

Aunque hemos visto que YHWH en realidad no es un nombre, de todas formas se impuso como la forma más habitual de llamar a Dios, así que podemos decir que, en la práctica y con el tiempo, la gente acabó usándolo como si fuera un nombre propio. Ante el peligro de que se convirtiera realmente en nombre propio y por tanto supusiese cierto dominio del hombre sobre Dios, o bien por evitar la posibilidad de profanar el santo nombre, los hebreos terminaron por considerar blasfema su pronunciación. Sólo le estaba permitido pronunciarlo al Sumo Sacerdote y sólo dentro del Templo en el día de la Expiación, o sea, una vez al año.

No se sabe muy bien cuándo ocurrió, algunos dicen que la tendencia empezó a partir del exilio babilónico (s.V a.C), pero no parece probable. Otros dicen que cuando se traduce la versión de la Biblia al griego (la Septuaginta) en torno al 300 a.C. ya se sustituye sistemáticamente יהוה por “Kyrios” (el Señor), pero hay algún fragmento de las versiones más antiguas con el Tetragrama, y no se sabe si es un ejemplo de la norma o de la excepción. Lo que sí sabemos seguro es que en tiempos de Jesús la prohibición está bien arraigada. En el Nuevo Testamento no aparece ni una sola vez el Tetragrama, y cuando en el N.T. se citan pasajes del A.T. donde aparecía éste, se sustituyen por “Kyrios” o simplemente por “el Nombre” (como aún hacen los judíos sefarditas que leen el Tetragrama como “ha-Shem” = “el Nombre”). El propio N.T. suele usar “Kyrios” para referirse a Dios, aunque Jesús, además de “Padre”, a veces se refiere a Dios como “tu Nombre”:

Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos.” (Juan 17:6)
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre.” (Mateo 6:9)

La misma actitud vemos en el historiador judío Flavio Josefo, que dirigiéndose a los romanos dice:

Dios entonces le dijo su santo nombre, que nunca había sido comunicado a ningún hombre; por lo tanto no sería leal por mi parte que dijera nada más al respecto”.
(Antigüedades Judías, libro II, cap. XII, sec. 4.)

Esta sustitución del Tetragrama por “Señor” originó algún caso curioso, como esta cita que Marcos hace del discurso de Jesús en la sinagoga. Jesús lee ante la congregación un salmo de David y luego lo comenta. Cuando Jesús llega al יהוה del texto original, pronuncia el tetragrama como “Adonay” (“el Señor“,  “Kyrios” en el griego del evangelio):

“Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: «¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. Si el mismo David lo llama Señor, ¿Cómo puede ser hijo suyo? La multitud escuchaba a Jesús con agrado.”
(Marcos 12:35-37)

Jesús está citando el salmo 110:1 que dice:

“De David. Salmo. Dijo יהוה a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies»”

El primer “Señor”, pues, se refiere a Dios (יהוה), el segundo “Señor” se refiere al Mesías, o sea, al propio Jesús. Pero dentro del contexto del Nuevo Testamento esta versión “corregida” (o incluso “censurada”) no sólo no resulta ambigua (tanto Dios como el Mesías son llamados “Señor”, sin diferenciarse), sino que resulta clarificadora (Dios y el Mesías -Jesús- son una misma cosa, por tanto Dios es el Señor y Jesús es el Señor).

El caso es que ya en el siglo I nadie se atrevía a usar el nombre de Dios, aunque no descartamos que a un nivel muy restringido e incluso secreto se siguiera usando, o para blasfemar, o hacer conjuros en algún tipo de sincretismo religioso de los paganos que habitaban la región. También los samaritanos usaban el nombre en sus ceremonias sagradas y probablemente entre ellos no había ningún reparo en usarlo. Y pidiendo perdón por si a alguien le parece irreverente, creo que este fragmento de una conocida película de humor refleja muy bien el tabú que en aquellos tiempos se cernía sobre la pronunciación del Tetragrama:

Total, que una vez se perdió el uso de la palabra, donde la Biblia decía YHWH, el lector hacía una pausa y una reverencia con la cabeza, o bien se leía simplemente, como hizo Jesús, Adonay (= el Señor, “kyrie”), y en poco tiempo la memoria de esta palabra quedó perdida del todo. Tan solo nos quedaron las consonantes con las que se escribía: יהוה .  Y así quedó la cosa durante siglos, hasta que en el siglo VII, visto que ya casi ningún judío podía leer correctamente el hebreo (el hebreo moderno es una lengua resucitada en el s. XIX), los escribas judíos (llamados masoretas) decidieron añadir unos signos (subíndices y superíndices) para representar las vocales y que así los fieles pudieran pronunciar correctamente las palabras al leerlas (es lo que se llama “la Biblia masorética”). Pero ahí se encontraron con un problema. El famoso Tetragrama יהוה (YHWH) siempre se pronunciaba “Adonay”, no ya solo por no blasfemar, sino porque además ya nadie sabía la pronunciación original de YHWH. La solución que dieron los masoretas fue sencillamente añadir al YHWH las marcas vocálicas correspondientes a la palabra “Adonay”, y así de paso recordaban al lector que esa palabra debía de pronunciarse “Adonay” (el Señor), sin por ello tener que cambiar ni una sola letra de la Biblia original. El resultado de la grafía, pues sería algo así como: YaHoWaH.

Pero esa primera “a” hebrea no suena igual que una /a/ española normal, era una “a débil”, y por tanto fácilmente influenciable por sonidos colindates. Vimos que el primer sonido del Tetragrama es una “yod”. En muchos idiomas la “yod”, que es muy cerrada, tiene tendencia a cerrar un grado la vocal próxima y luego desaparecer o no (lo que en fonética se conoce como i-umlaut), y más aún si esa vocal es corta o débil. Se podrían poner muchos idiomas de ejemplo, pero baste con citar el español, donde muchas /a/ latinas pasaron a /e/ por influencia de la yod: laicu>lego, solitarium>soltiario>soltero, basiu>baisu>beso ). Por tanto, es muy fácil comprender que esa “a débil”, en contacto con la yod, se cierre y pase a transformarse en /e/. Así que el resultado será YeHoWaH, que transcrito al modo inglés o al modo del español antiguo tendríamos Jehovah (pronunciado /yejova/). Esta palabra, por la evolución fonética del español, se pronunciaría hoy en día  /jeobá/, pues la “h” aspirada desapareció en español y se hizo muda (no así en otros idiomas; los ingleses pronuncian algo así como /yejóuva/).

Es justo señalar que hay hebraístas que presentan otras teorías diferentes (y menos aceptadas) al respecto, pero sea como sea, la cuestión es que el Tetragrama YHWH era imposible de pronunciar por razones religiosas y porque ya nadie tenía ni idea de cómo pronunciarlo, así que los masoretas añadieron ciertas vocales (de “Adonay” o de donde fuera) y el resultado fue el híbrido Jehovah. Algunos cristianos posteriores que tradujeron el A.T. de la versión hebrea, en vez de la tradicional versión griega de la Septuaginta, reprodujeron el Tetragrama tal cual lo habían puesto los masoretas, con las vocales de Adonay insertadas, quizá sin darse cuenta de que esa escritura era un ingenioso truco. Así es como la versión “Jehovah” se introdujo en algunas versiones católicas de la Biblia (mucho antes de la aparición de los protestantes).

Por lo tanto podemos afirmar que el nombre “Jehová” en ningún momento fue usado por los antiguos (o modernos) hebreos para referirse a Dios y por lo tanto no es defendible la idea de que “Jehová” es un nombre sagrado y es el que debemos usar para referirnos a Dios o dirigirnos a él. Es más, desde el punto de vista bíblico original, si realmente pensáramos que “Jehová” es el verdadero nombre de Dios, sería blasfemia usarlo (como acabaron pensando los mismo judíos). Sin embargo, aun admitiendo el curioso origen de esta palabra, no hay inconveniente desde el punto de vista lingüístico para seguir usándolo en las traducciones bíblicas que así quieran, pues de igual modo podríamos argumentar que “Jesús” no se llamaba realmente Jesús, sino que su nombre original era “Ieshú” (abreviatura de “Yeshua”). Lo que no es defendible es pensar que “Jehová”, en ninguna de sus variaciones fonéticas, es el verdadero, único y sagrado nombre del Dios del universo, porque sencillamente ni es verdaderamente un nombre ni tiene nada que ver con la posible pronunciación original.

En español, la Biblia que popularizó la transcripción de “Jehová” fue la versión de Reina-Valera, hecha por el español Casiodoro de Reina en 1569 (y revisada por Cipriano Valera). Esta versión en castellano se extendió rápidamente entre los protestantes, que adoptaron el uso de “Jehová”.

En 1870 el americano Charles Taze Russell fundó un grupo de estudiantes de la Biblia que con el tiempo derivó en una nueva religión surgida a partir del cristianismo pero diferenciada. La gente empezó pronto a llamarles “los russellianos”. Finalmente, en 1931, decidieron que “rusellianos” no era un nombre adecuado y se cambiaron el nombre por “Testigos de Jehová” inspirándose en la siguiente cita de Isaías (con la traducción ya comentada del Tetragrama):

Ustedes son mis testigos y mis servidores –oráculo del Señor–: a ustedes los elegí para que entiendan y crean en mí, y para que comprendan que Yo Soy. Antes de mí no fue formado ningún dios ni habrá otro después de mí. Yo, yo solo soy Jehová (YHWH), y no hay salvador fuera de mí.”
(Isaías 43:10-11)

La versión Reina-Valera que apareció en 1990 ya ha sustituido el término “Jehová” por “el Eterno” (más acertado, como vimos anteriormente). Pero la versión Reina-Valera publicada por los mormones en 2005 mantiene el término “Jehová”.

La revisión adventista hecha de la Reina-Valera en el año 2000, explica en su introducción que el término “Jehová” es una transliteración inexacta y que por tanto se deja de usar, y dicen:

“Ahora para expresar el augusto nombre de Dios, esta revisión del año 2000, sigue el modelo del Nuevo Testamento. Cuando el NT cita algún pasaje del AT que tiene el tetragrama hebreo YHWH, no dice “Jehova”, sino “SEÑOR”.

Eso mismo, seguir el uso que el Nuevo Testamento hace en sus citas del Antiguo Testamento, es lo que hacen la mayoría de las biblias protestantes y también las católicas y ortodoxas, o sea, sustituir el tetragrama YHWH por “el Señor”. Si los Testigos de Jehová persisten en la exactitud y veracidad de la pronunciación “Jehová” es porque han tenido el mal acierto de convertir tal pronunciación en su seña de identidad, de lo contrario quizá hubieran finalmente reconocido, como los adventistas, que esa transcripción es un error histórico (por cierto, un error cometido originariamente por algunos traductores católicos).

YAHVÉ

Veamos ahora de dónde viene el nombre “Yahvé” usado también en algunas traducciones bíblicas. Hemos visto que lo único que tenemos del Tetragrama son las consonantes YHWH, que en realidad nadie sabe cómo se pronunciaban porque su recuerdo se perdió. Sin embargo lingüistas e historiadores han intentado investigar para descubrir cuáles pudieron ser las vocales que deberían ir allí, o sea, cuál debió ser la pronunciación original de esa palabra. Para esta reconstrucción partimos principalmente de tres fuentes:

1- Transcripciones de los cristianos primitivos (que todavía recuerdan la pronunciación original pues la prohibición no les afectaba). Estas transcripciones, en griego, suelen mostrar la forma: Iαβέ (“iabé”, pronunciado /yavé/ en esa época) o ιαουαι (“iaouai” pronunciado /yawé/, tal como usa Clemente de Alejandría en el siglo II)

2- Los samaritanos (que no son los judíos que regresaron del exilio sino los que no habían sido deportados) siguieron usando el nombre de Dios en ciertas ceremonias, y lo pronunciaban “iabé”

3- Hay muchas palabras hebreas antiguas que utilizan la raíz de YHWH refiriéndose a Dios:
Aleluya- proviene del hebreo “Hallelu-Yah, que significa “alaben a Yah*”.
Esa misma raíz “Yah”, con variaciones fonéticas, la encontramos en muchos nombres. De los 163 nombres propios hebreos que usan “Dios” en su formación, 115 terminan en “-yah” o “-yahw”, que serían formas apocopadas de “Yahweh”:
Yoshiya (Josías)= curado por Yah
Eliyah (Elías)= mi dios (El) es Yah (El-i Yah)

[*La forma “Yah”, o escrita “Jah” en inglés, es la que ahora utilizan los rastafaris de Jamaica para referirse a Dios]

En antiguos escritos asirios se menciona al Dios hebreo con el nombre de “Yahawa”, que bien puede ser un “Yahwé” pronunciado con acento asirio.

La Enciclopedia Católica nos dice sobre este asunto:

“El lector juicioso percibirá que la pronunciación samaritana Yabe probablemente es la que más se acerca al sonido verdadero del Nombre Divino; los otros escritos primitivos transmiten únicamente abreviaturas o corrupciones del nombre sagrado. Insertando las vocales de Yabe en el texto consonántico hebreo original [YHWH], obtenemos la forma Yahvéh (Yahweh), que ha sido generalmente aceptada por los modernos eruditos como la verdadera pronunciación del Nombre Divino. No meramente está estrechamente conectada con la pronunciación de la antigua sinagoga por medio de la tradición samaritana, sino que permite la legítima derivación de todas las abreviaturas del nombre sagrado en el Antiguo Testamento”

Por tanto, el consenso actual (aunque no completamente unánime) es que la palabra YHWH se pronunciaba “Yahweh” (en su sonido original /yajuej/, con las aches aspiradas), aunque el sonido /w/ evolucionó luego a una /v/, dando /yajvej/. Si suprimimos las dos aspiraciones de finales de sílabas nos quedaría una forma castellanizada de “Yahvé”, pronunciada /yabé/, aunque se suele mantener en la escritura una o las dos haches por motivos etimológicos.

En el 2008 La Santa Sede, siguiendo una directiva de Benedicto XVI, pidió omitir el término “Yahvé” en la Liturgia, oraciones y cantos pidiendo que se use la traducción equivalente al hebreo “Adonay” o al griego “Kyrios”, o sea, “el Señor”. Esto se hace porque después de todo no hay certeza absoluta de que “Yahvé” sea la palabra original, y también por ser fieles a la tradición del Nuevo Testamento y de la versión griega bíblica usada por los cristianos desde el principio* (la Septuaginta), que así lo hace.

[*Como anécdota comentemos que cuando en el N.T. Jesús cita un pasaje de las escrituras, o sea, del A.T., si usted busca ese pasaje original muchas veces verá que lo que dice Jesús no coincide exactamente con el pasaje veterotestamentario que está citando. De niño siempre pensé que era normal que si Jesús citaba un texto antiguo de memoria se acordara bien de lo que decía pero no exactamente de las palabras con las que estaba escrito. La explicación, como vemos, es más sencilla. No es que Jesús no tuviera muy buena memoria, es que en nuestras biblias actuales, lo normal es que el A.T. esté traducido de los textos hebreos originales, mientras que cuando se citan esos textos en el N.T. (que está escrito en griego), se los cita literalmente según la traducción griega de la Septuaginta. Por tanto, al ser traducción de una traducción, la idea permanece, pero las palabras cambian]

CONCLUSIÓN

Aunque el debate continúa, parece bastante seguro que el nombre “Jehová” es fruto de un error a la hora de interpretar las vocales que faltaban. Esta palabra, no obstante, no es una invención protestante, sino de algún escriba católico; lo que ocurre es que en el entorno católico se usó muy poco y luego desapareció, mientras que muchos protestantes la retomaron, probablemente a través de la versión bíblica de Reina-Valera y la usaron profusamente. La reconstrucción histórica de la pronunciación “Yahweh” parece la más exacta por motivos históricos y lingüísticos, pero tampoco podemos saber con total certeza que sea exacta.

Muchas biblias protestantes han dejado de usar la palabra “Jehová” y la han sustituido por “el Señor” (por ser fieles con la manera de actuar del Nuevo Testamento) o por “el Eterno” (por ser más fieles al significado original del término). Los católicos, que raras veces lo usaban, han dejado totalmente de usar el término “Yahvé” por motivos parecidos, porque no hay certeza absoluta de que sea correcto y por coherencia con la manera de actuar del Nuevo Testamento. Los ortodoxos, que siguen usando la versión griega, mantienen el término “Kyrios” (Señor) tal como se hizo desde la Septuaginta hasta los escritores del N.T.

Así que, a pesar de tanta polémica, al final la cosa se ha quedado en gran medida como estaba en un principio, que casi todos los cristianos usan el término equivalente a “Señor” para referirse a Dios en aquellos casos que los hebreos usaron el Tetragrama: יהוה

Los Testigos de Jehová, además de adorar a Dios, otorgan un significado casi “mágico” a su nombre, como si el nombre en sí fuese también objeto de adoración. Cuando un judío decía cosas como “alabado sea tu nombre”, era una forma de decir “alabado seas tú”, pero los Testigos lo interpretan literalmente. Russell, su fundador, era egiptólogo aficionado y con controvertidos contactos masónicos; quizá le viniera de ahí esa fascinación por el poder de un nombre. De hecho, una de sus creencias fundamentales es que el verdadero nombre de Dios (Jehová según él) debe ser usado, divulgado y santificado como merece. La web de los testigos de Jehová (jw.org) dice textualmente:

Las personas que practican la religión verdadera adoran únicamente a Jehová y dan a conocer su nombre. Jesús enseñó: “Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado” (Mateo 4:10). Así que los siervos de Dios adoran a Jehová, y a nadie más. De hecho, dar a conocer el nombre y las cualidades del Dios verdadero forma parte de su adoración.

Si citan a Mateo 4:10 como ejemplo de que hay que adorar sólo a Dios (no a Jesús) y además bajo el nombre de Jehová, entonces es fácil ver su error, porque independientemente de las traducciones que cada uno quiera hacer o inventarse, el texto griego original, que es lo que tenemos, no dice ahí “a Jehová tu Dios”, sino que dice literalmente “κύριον τὸν θεόν”, o sea, “al Señor tu Dios” (Kyrion ton Theon). De hecho, según las costumbres de la época, si Jesús hubiera pronunciado el Tetragrama (Jehová, Yahvé o como fuese), hubiera sido considerado blasfemia (aunque los historiadores no se pongan de acuerdo sobre si en tiempos de Jesús esa blasfemia implicaba pena de muerte).

Si alguien vuelve a decirte que para adorar a Dios en verdad es necesario pronunciar su Santo Nombre Jehová, puedes contestarle lo siguiente:

  1. No sabemos en realidad cómo se pronunciaba ese Santo Nombre.
  2. Todo parece indicar que en realidad ni siquiera era un nombre, sino un epíteto descriptivo.
  3. No hay ninguna prueba de que ni Jesús ni sus seguidores alabaran nunca a Dios utilizando ese nombre (ni Jehová, ni Yahvé ni ningún derivado que propongamos), y sí que parece muy claro que los evangelistas y apóstoles hicieron todo lo posible por evitar escribirlo o pronunciarlo.
  4. Jesús no nos enseñó a decir “santificado seas, Jehová”, sino “santificado sea tu nombre”.

Si un cristiano quiere dirigirse a Dios y llamarle con un nombre, Jesús nos dejó bien claro qué nombre debemos usar para hablarle, y ese nombre es “Padre”.

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36 thoughts on “¿Señor, Jehová o Yahvé? sobre los nombres de Dios

  1. Que tal con todo respeto y opiniones estan muy buenos e interesantes
    Mi comenterio es yo me hice un tatuaje de tentagrama en la espalda el nombre de dios que fueron sus primeras palabras en griego yo pense que era esl nombre de jehova pero no es asi con forme fui leyendo su significado es el senor es correcto? o alguien me puede explicar? yo no quiero sus criticas o felicitaciones yo solo quiero que me saque de la duda muchas gracias

    • El tetragrama es la palabra con la que Dios se identificó a Moisés. No estamos completamente seguros de qué significaba exáctamente ni cómo se pronunciaba, pero los antiguos hebreos a menudo escribían ese tetragrama cuando se referían a Dios, así que si quieres saber exáctamente cuál es el significado del tetragrama, pues significa Dios, el único. Luego la verdadera pronunciación de ese tetragrama ya es lo de menos.

  2. creo que han hecho un análisis extraordinario sobre el nombre del único dios y creo que todos estamos de acuerdo en algo como se le llame no creo que a el le moleste, ya que todos vamos hacia un mismo camino amor y paz entre todos nosotros.

  3. quisiera dejar en claro que Dios, dio a conocer su nombre hace mucho tiempo y es “JEHOVA” y el hecho de que nuestro señor Jesucristo, que es el hijo de Dios, mencione la palabra Padre en varias ocasiones, es porque como todo buen hijo menciona a su creador como Padre en señal de respeto o alguien llama a su papá por su nombre ¿acaso eso no seria una falta respeto?, nosotros mismos no llamamos Papá a nuestro progenitor y recordemos también que “JEHOVA”, nuestro Padre Celestial no es un Dios de confusiones, mentiras , engaños y que detesta la mentira en todas sus dimensiones y formas, entonces no tiene sentido de que Dios mismo oculte su nombre a la humanidad.

    • César, en el artículo decimos que si quieres llamar a Dios de alguna forma le puedes llamar “padre”, no que el verdadero nombre de Dios sea “padre”. Y si tan convencido estás de que el verdadero nombre de Dios es “Jehová”, pues llámale así, no creo que a Él le parezca mal, pero tal como se demuestra en este artículo, lo cierto es que ese nombre es una invención tardía causada por un error. No se trata de que Dios quiera engañar a nadie ni mentir, el que su nombre sea o no “Jehová” no tiene nada que ver con Dios, sino con interpretaciones humanas. Lo de que Dios quiera o no quiera ocultar su nombre a la humanidad tampoco tiene el sentido que al parecer tú le das. Si damos un nombre a las cosas es para distinguirlas de otras cosas, pero cuando no hace falta distinguir, no hace falta nombre. Las estrellas tienen nombres para poder distinguir una de otra, pero el sol no tiene nombre porque sol solo hay uno. Como Dios solo hay uno, ¿qué sentido tiene darle un nombre? No es que no se pueda, es que no es necesario, Dios es Dios, y con eso basta, mientras que los dioses paganos sí necesitan un nombre porque hay muchos. Pero como en el Egipto de Moisés y en el Israel de Josué había muchos dioses, es normal que los hebreos quisieran nombrar a Dios de alguna manera. El asunto es que si Dios les reveló un nombre, ese nombre se ha perdido, solo sabemos con qué letras consonánticas se escribía, pero no cómo se pronunciaba. Si ese asunto del nombre tuviera tanta importancia como los de tu religión piensan, ya se habría encargado Dios de que no se perdiera, pero si se perdió y no pasó nada, es por lo que hemos comentado, ya no es necesario llamarle de ninguna manera, basta llamarle “Dios”. Los judíos y los cristianos no tenemos ningún problema con llamarle Dios, y no reconocemos “Jehová” como verdadero nombre de Dios, pues está de sobra demostrado que ese nombre no es el original.

      Está claro también que en la época de Jesús los judíos ya no mencionaban jamás el nombre de Dios. Jesús podía llamarle “padre” porque era su padre, pero si usar el verdadero nombre de Dios hubiera sido tan importante como pensáis, entonces Jesús hubiera reivindicado ese nombre y se lo habría enseñado a todo el mundo, y les habría enseñado a no evitarlo, sino a usarlo y adorarlo, y por ejemplo tuvo una muy buena ocasión cuando enseñó a sus discípulos a orar, y en vez de empezar con “Padre nuestro que estás…” habría empezado con un “Jehová, nuestro padre del cielo…” o algo por el estilo. Pero lo único que comprobamos en las palabras de Jesús y en todos los escritos del Nuevo Testamento es todo lo contrario, que no solo no se usa nunca ningún nombre para Dios, sino que incluso cuando se citan pasajes del Antiguo Testamento en los que ese nombre sí aparecía, tanto Jesús como los apóstoles y evangelistas sustituyen siempre ese nombre por “Señor”. O sea, que ni Jesús ni sus discípulos querían usar ese nombre. Eso debería bastar para defender la idea de que la palabra “Jehová” sea un nombre que hay que adorar, incluso si fuera un nombre correcto (que no lo es). Sobre lo de “santificado sea tu nombre” ya hemos comentado en el artículo qué significa, y no es el nombre el objeto de esa santificación, sino la persona a la que se refiere. Es una forma de hablar corriente en el judaísmo de la época. No podemos leer la Biblia como si fuera un libro escrito hace un mes, hay que entender la cultura que la escribió.

      Supongo que tú serás testigo de Jehová. No creo que a Dios le importe nada que le llames Jehová, puedes seguir haciéndolo, igual que los rastafaris le llaman Jah y tampoco creo que eso sea un problema. Los musulmanes le llaman Allah, que al fin y al cabo solo significa “Dios”, y tampoco será problema. Deja que cada religión llame a Dios como quiera, a mí no me preocupa el nombre, me preocupan las creencias (y la sinceridad de la fe que hay con ellas). Si eres testigo, al menos intenta ser un buen testigo, y si alguna vez tienes interés o necesidad de comprobar la verdad de tus creencias, puedes acudir a nosotros con tus dudas, intentaremos ayudar. Un saludo.

  4. Mucha investigacion, para una erronea conclusion , Nombre de Dios Pdre, Padre no es nombre propio es un titulo, si todas las cosas tienen nombre, porque no utilizar el nombre propio de Dios que el mismo se puso, …tu conclusion quienquiera que seas es otra ganancia para quien por mucho ha intentado ocultar el nombre de Dios, Satanas el diablo, un buen aporte le has hecho a este ser maligno al apartar a muchos que leeran esto y no conoceran al Dios verdadero Jehová….

    • “Padre” no es el verdadero nombre de Dios, pero es la forma cristiana de nombrarlo porque así lo llamaba Jesús, que jamás lo llama Jeová o nada parecido. Según tú, casi la totalidad de los cristianos estamos haciendo un servicio a Satanás, pues el nombre “Jehová” ya no es aceptado ni por las iglesias que antes lo proclamaban, salvo por los Testigos de Jeová, que llevan en ese nombre no ya la identidad de Dios, sino la suya propia. Si el nombre fuese “Testigos de Dios” o algo así, también ellos habrían aceptado a estas alturas que “Jehová” es una reconstrucción errónea. Eso no quiere decir ni mucho menos que vosotros estéis haciendo ningún servicio a Satanás al usarlo, faltaría más, doy por sentado que vuestras motivaciones son las mejores. Confundidos, pero bienintencionados. Un abrazo Oscar

      • Tu los Has Dicho La mayoria de las iglesias eso es otra prueba convicente que el propio nombre de Dios es Jehová, ya no perdere el tiempo con gente como ustedes lo que si les digo es que sufriran el castigo de destruccion eterna por estar en contra de Dios y su voluntad, claro si quieres arrepientete de lo que has hecho y asi alcanzar la misericordia de Dios es lo unico que puedes hacer y no negarlo mas ni confundir a los demas

      • Siguiendo tu modelo también podría yo decir que te retractes de tus blasfemas creencias sobre Dios si quieres salvar tu alma, pero está claro que ni tú ni yo vamos a renegar de nuestras creencias solo porque alguien de otra religión nos diga que estamos equivocados. También un musulmán podría decirnos a ti y a mí que arderemos en el infierno de Allah por no reconocer a su profeta Mahoma. Si quieres que yo y los demás cristianos nos retractemos, empieza por dar argumentos convincentes de por qué crees tú lo que crees y reza, reza mucho para que Dios nos ilumine y nos muestre la verdad, si es que crees que vivimos en el error. Tus argumentos, tu amor y tus oraciones podrían convertirnos, tus amenazas son inútiles y pueden volar gratuitamente en todas las direcciones.

      • Ya no hablare mas si quieres seguir engañando alos demas hazlo solo te dire que sufriran al igual que tu todos los que se opusieron al Dios Verdadero Jehová y su voluntad, claro todavia hay tiempo para que te retractes de todo lo que has hecho por ocultar su nombre y no dejar que mas gente lo reconozca como el tiene que reconocerse

      • Yo No Amenazo a nadie solo digo lo que esta escrito en la mismisima palabra de Dios o acaso no las has leido, en fin no voy a rezar que eso es inutil, tampoco voy a seguir en este descusion que no sirve para nada, lo unico que hice fue defender el nombre de Dios, y tu lo llamas blasfemia, que equivocado estas, si tu quieres vivir en tu error, pues sigue ahi, cada cual respondera ante Dios por sus actos, y como dije si quieres retarctarte de lo que haces no necesitas de una persona, ahi dejo Dios su palabra no para targiversarla como muchos igual que tu a su conveniencia lo hacen, sino para conocerlo como el quiere…adios.

        Fin

      • No Oscar, no digo que eso es blasfemia, he dicho que “siguiendo tu modelo…”, pero tu modelo no es el mío, yo no hablo de blasfemias ni condenación eterna por un asunto así, yo solo hablo de error de interpretación, nada más. Pero me preocupa eso que dices de que “rezar es inútil”, ciertamente no es eso lo que a mí me han enseñado. En algo estamos los dos de acuerdo, Dios dejó su palabra no para tergiversarla sino para que lo conozcamos. Un saludo.

    • Cuando Jesucristo quiere referirse a: ELOHIM: Dios “Creador, Todopoderoso y Fuerte” (Génesis 17:7; Jeremías 31:33). Siempre utiliza la palabra “Padre” en el capítulo 6 de Mateo es nombrado así en varios versículos y ciertamente en otros capítulos, no sé si se interpreta como nombre propio o como título a su majestad divina. Pero así lo nombra, y los cristianos así también lo nombramos. Esta palabra no es mágica, pero da la sensación de sentirlo muy cerca de nosotros como nuestro padre carnal, al que de niños acudimos en todas nuestras necesidades, ya de mayores, recurrimos a nuestro Padre Celestial.

      Buen trabajo Felicitaciones, piedras en el camino siempre encontrarás.

  5. creo que el método literario, gramatical y lingüistico, para analizar la biblia, es muy útil e interesante. Muy buen análisis. felicidades

    • Buena aclaración, María, siempre que no interpretes ese “con” como expresión de compañía. No se trata de que Dios y Jacob estuvieran en el mismo bando luchando contra un tercero, sino que la lucha era entre ambos, así que usar “con” o “contra” es más un matiz del idioma español que del hebreo original.

    • Quien le importa, la religión verdadera no es aquella que se relaciona con un grupo que ostente un nombre o con un individuo que esté vinculado con el tal, sino que la verdadera religión es aquella que se expresa en acciones concretas de amor motivados por la fe de Jesucristo. Eso lo dejan bien claro los textos del Nuevo Testamento en lo escrito por Pablo y por Santiago. Por ejemplo: “porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gálatas); ” La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago)

  6. gracias por la valiosa aclaracion, esto me sirve para mantenerme firme en la fe, y no caer en las garras de quienes no predican sino confunden a la poblacion

      • Anónimo: Solo escribes con el HIGADO, ni das tu nombre para saber que tu como persona tienes nombre, solo se siente que eres cuadrado porque solo juzgas y no presentas argumentos basados en la lecturas que has hecho de la Biblia.

  7. Una síntesis muy buena de los estudios bíblicos, me hace acordar de las clases de biblia allá por los años 70-80, cuando los católicos estudiaron más a fondo la biblia, gracias por la síntesis. Dios es el innominado, el que no tiene nombre. Felicitaciones

  8. he escuchado de esto pero no he profundizado pero con esto, me hace intender muchas cosas y la verdad sobre quien es Dios ,e l Dios de los profertas.
    muchas gracias y que a el sea la gloria…

    • Este artículo no es una recopilación de trozos sacados de aquí y allí, sino el producto de muchos años de investigación trabajando sobre la Biblia y la historia de la Iglesia desde diversas disciplinas. Los fragmentos que sí he copiado de otros están debidamente identificados con su fuente (las citaciones de los testigos de J., del Vaticano, la Enciclopedia Católica). Algunos datos numéricos se consultaron en Wikipedia, pero cuando saco información de esa fuente siempre intento contrastarla por otros medios antes de asumirla como correcta. El resto tiene una sola fuente, servidor, y un trabajo de investigación y síntesis. Tengo la fortuna de dominar varias disciplinas académicas y así puedo relacionar cosas y sacar conclusiones. Pero en cualquier caso, como dijo Newton “si he visto más lejos es porque caminaba a hombros de gigantes”. Todo buen trabajo de investigación tiene que tener en cuenta primero qué han descubierto otros sobre el tema, y a partir de ahí intentar refinarlo más. Este artículo lo publiqué hace años, pero lo que veis ahora está muy mejorado con todo lo que yo mismo he ido aprendiendo en este tiempo. De todas formas, mi principal objetivo en esta página web es divulgar esos conocimientos, los míos y los que he heredado de eruditos y sabios mucho más preparados que yo. Ellos son los gigantes a los que yo me he subido para poder ver un poquito más lejos aún.

      • Primero que nada, déjame felicitarte por un trabajo de investigación de tal alta calidad, muy informativa. Y muchas gracias por hacer esta información publica, Yo estuve buscando sobre este tema, pero la verdad es que muchas personas solo comentan lo que piensan y sienten acerca del tema, investigando muy poco y muchas veces solo por platicas o comentarios, sin bases. Hay hasta personas que se enojan, pelean y hasta se espantan cuando escuchan las palabras de Jehová, Yahvé o incluso Adonay.

        Me gusto mucho que lo que leí fue muy imparcial, al parecer ni tus sentimientos o intereses personales afectaron las exposiciones de las ideas.

        La verdad es que tenia mucha confusión, pero gracias a ti hoy tengo una idea mas clara de los nombres que usamos para referirnos a Dios.

        Solo la parte donde se ejemplifican algunos nombres como Israel, que aunque ya se explico en un comentario anterior, creo que hay un poco de confusión y seria agradable algún comentario o explicación anexa.

        “Israel= Aquel que lucha contra “El” (contra Dios)”

        Me gusto mucho el ultimo comentario del ultimo párrafo; los hijos llaman a su padre por lo que es, tenga el nombre que tenga el siempre sera tu padre.

        Muchas gracias otra vez.

      • Gracias por tus palabras, Oscar. Sobre lo de Israel, como hemos comentado significa “El que lucha contra Dios”. A algunos esta definición les incomoda porque suena casi blasfema, ¿cómo va a luchar Israel contra Dios si es el padre del Pueblo Elegido? Pero no hay forma de evitar esa idea. En el Nuevo Testamento estamos acostumbrados a establecer una diferencia clara entre Dios y los ángeles, que son seres que él envía, pero en el Antiguo Testamento la diferencia entre Dios y sus mensajeros (ángeles) no siempre es tan clara, y en muchas escenas claramente vemos que el ángel no es un enviado de Dios, sino que es Dios mismo (por ejemplo en la visita a Abraham bajo la encina de Mambré). Eso puede ser por el efecto de la revelación progresiva o porque hasta el momento de la encarnación, con el nacimiento de Jesús, la presencia angélica era una forma que usaba Dios para interactuar en el plano físico. Bueno, sea como sea, está claro que la lucha entre Jacob y el ángel es uno de esos casos en los que el ángel es simplemente Dios, y esa identidad está muy clara en el diálogo entre ambos personajes. Por tanto a nadie le debe escandalizar que Israel signifique “el que lucha contra Dios” cuando estamos viendo que ese nombre se produce precisamente en el contexto en el que Jacob está luchando contra Dios, más aún, ¡y le vence! (claro que es evidente que aquí Dios se ha dejado ganar, igual que un padre jugando con su hijo pequeño a menudo se deja ganar, pero en este caso no fue nada fácil, lucharon toda la noche hasta el amanecer). Y si nos vamos al plano metafórico, si Jacob, aquí renombrado Israel, representa la esencia del pueblo de Israel, ¿acaso no es el Pueblo Elegido un pueblo en contínua lucha con Dios? Todo el Antiguo Testamento es un claro ejemplo de cómo la relación entre Dios y su Pueblo es de una lucha continua. No es Israel un pueblo dócil y sumiso que siempre acepte a Dios y sus mandatos, sino que continuamente está desafiando a Dios, aunque en total la intensidad de su amor iguala o supera su capacidad de desafío, por eso no es una relación de odio, sino de lucha continua, y tal vez por eso lo escogió Dios para su plan, porque un pueblo sumiso y siempre dócil probablemente hubiera sido “un primor” en los buenos tiempos, pero no hubiera podido dar la talla en los malos tiempos, y solo Israel, de entre todos los pueblos de la Antigüedad, tuvo el valor, el coraje y la pasión de mantener su fe contra todas las presiones externas de los Imperios griego primero y romano después que en mayor o menor grado doblegarón la fe, moral y costumbres de todos los pueblos del imperio. Solo Israel, un diminuto pueblo sin apenas ningún poder, logró en el Imperio Romano lo que ni siquiera lograron pueblos antes tan poderosos como Egipto o Grecia. Solo Israel fue dispensado de hacer el servicio militar y de la obligación de adorar al Emperador y de hacer ofrendas a los dioses, entre otra cosas. Y si un pequeño pueblo logró arrancarle al Imperio semejantes prebendas fue por su capacidad de lucha. Quien se atreve a luchar incluso contra Dios, no hay adversario que le pueda doblegar. Por supuesto todo esto es una interpretación personal, en la Biblia se limita a decir que Dios le cambió el nombre de Jacob a Israel, y no da más explicaciones al respecto. La cuestión es que Jacob estaba luchando (sin saber que era Dios) por una bendición, y puso todas sus energías para conseguirla, y por eso Dios al final lo bendice, porque demostró que estaba dispuesto a darlo todo por conseguirla y así se hizo merecedor de ella. Es una gran lección porque no es que simplemente Dios le bedijera como regalo, sino que se hizo merecedor de ella. A menudo nosotros le pedimos favores a Dios sin poner ningún esfuerzo por nuestra parte, y nos olvidamos de que Dios no es un Papá Noël cósmico a quien pedir regalos cuando nos apetece, sino que también tenemos que luchar por ello y hacernos merecedores del don.

  9. Gracias por compartir tan importante informaciòn, es necesario saber para que no nos envuelvan facilmente ,estare presente para el articulo de la pròxima semana y se que estar tan interesante como los articulos anteriores, nuevamente MUCHAS GRACIAS.

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